El Amor Ofrece Alivio

Imagínese a dos montañistas escalando y cada uno cargando su mochila.

El de la izquierda lleva una mochila liviana que hasta un niño podría cargar. El de la derecha lleva una mochila tan pesada que ni siquiera podemos ver su cabeza o su cuerpo. . . solo un par de piernas temblorosas bajo una carga inmensa.

El montañista de la derecha nos muestra cómo a menudo se siente la vida: una caminata interminable llevando una carga muy pesada para una sola persona.

La carga de la vida se siente muy pesada. Sentimos que ya no podemos más y nos preguntamos: ¿cómo podría alguien amarme. . . especialmente Dios? Y esa pregunta duele más cuando nos fijamos en el montañista de la izquierda. Nuestra carga parece acabar con nosotros, mientras que la de él parece tan liviana.

Compararnos con los demás es lo peor que podemos hacer. Cuando nos encontramos en el suelo, y me refiero a tocar fondo, enfocarse en los demás solo hace que la autocompasión extermine la última gota de motivación que necesitamos para terminar el día.

La comparación siempre nos hace sentirnos fracasados. Si estamos en la cima nos vuelve arrogantes y petulantes. Si estamos en el fondo, nos sentimos sin motivación, pensando que la otra persona es más bien parecida, más culta, con más dinero, viste con más clase, tiene un mejor auto, etc., etc., etc.

Cuando comenzamos a pensar de esa manera, solo hay algo que puede corregir nuestro curso: la Palabra de Dios. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. En mi caso, yo comienzo por reflexionar en los mandamientos «mutuos» del Nuevo Testamento. Por ejemplo:

«Ámense mutuamente con un afecto genuino» (Romanos 12:10).

«Acéptense mutuamente tal como Cristo los ha aceptado» (Romanos 15:7, NVI).

«Vivan en paz unos con otros» (1 Tesalonicenses 5:13).

Y deliberadamente dejé de último mi favorito para efectos de énfasis: «Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas» (Gálatas 6:2).

En el proceso de llenar mis pensamientos con las Escrituras, algo ocurre internamente en mi corazón. Dejo de enfocarme en mi carga, dejo de compararme con los demás y empiezo a considerar la carga que otro está llevando. Recuerdo que las cargas deben ser compartidas. ¡La gracia de Dios está hecha para esos momentos!

Regresemos a nuestro cuento. Imagínese lo que el montañista está sobrecargando en su mochila. Pudiese ser un rencor que está carcomiendo su mente; una relación rota con su cónyuge o alguna discusión constante con alguno de sus hijos. Pudiese ser una pila de facturas impagas, que conlleva en sí más peso y preocupación.

La pregunta es: ¿dónde puede mi prójimo descargar su peso para que alguien más le ayude con esa carga?

¿Un gran auditorio, domingo tras domingo, sentado junto con otro grupo de personas? No lo creo. Lo que nuestro hermano necesita es un cuidado personalizado e individual donde tenga la oportunidad de realmente compartir su situación. Necesita una iglesia donde la gente no diga que se aman mutuamente, sino que lo demuestre mediante el apoyo al llevar su carga. Una comunidad así nos permite descargar el peso y renovar nuestras fuerzas.

Una iglesia saludable es aquella donde las personas aman a Cristo y se aman mutuamente llevando sus cargas. Sus brazos abiertos para aquellos que no pueden con el peso en sus vidas. No andan señalando, avergonzando, culpando o comparándose con nadie. Ese tipo de reacciones hirientes solo aumentan la carga que ya de por si es insoportable. Amor significa ofrecer esperanza y una mano amiga. Significa no dejar caer al que desmaya por el peso de su carga.

Nosotros, en Visión Para Vivir, tenemos el privilegio de leer o escuchar frecuentemente los agradecimientos de hermanos alrededor del mundo por la forma tangible y diaria en la que la Palabra de Dios aligera sus cargas. Yo también me siento agradecido por ello. ¿Y usted?

También me siento agradecido por usted. Al unirse a nuestro ministerio, usted está llevándole el amor de Cristo a aquellas personas cuyos corazones están quebrantados y sus emociones están derrumbándose bajo el peso del pecado. Su inversión financiera es el medio para continuar invitando a los cansados para que descarguen su peso en Cristo, al mismo tiempo que les ayudamos durante su jornada en esos momentos en que el peso de la vida aumenta.

Gracias por compartir el amor y la verdad de Cristo alrededor del mundo. ¡Sigamos escalando la montaña. . . juntos!

Acerca del Autor

Charles R. Swindoll

Conocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una...