El ánimo es la cura natural de la vida

Todos necesitamos que alguien crea en nosotros, que nos anime, que nos dé fuerzas y nos afirme. Todos necesitamos que alguien nos ayude a seguir adelante; que inflame la llama de nuestra determinación cuando estamos entre la espada y la pared.

Sin importar lo madura, segura o influyente que una persona pueda parecer, una expresión de ánimo siempre ayuda. Todos la necesitamos. Los que luchamos en las trincheras del liderazgo necesitamos grandes cantidades de ánimo. Tristemente, la mayoría de nosotros somos muy orgullosos para admitirlo. Este orgullo prevalece en el pueblo de Dios en el mismo porcentaje que en las calles del mundo.

El ánimo es más que esa palmadita en la espalda. Es un compromiso deliberado y firme de elevar el espíritu de otra persona. El Nuevo Testamento nos recuerda su valor:

Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca. (Hebreos 10:24–25 NTV)

Analicemos la palabra misma. La palabra ánimo o motivar, como aparece en el versículo viene de la misma raíz griega que se utiliza con el Espíritu Santo en Juan 14:26 y en Juan 16:7. En ambos versículos, al Espíritu se le llama el “Consolador”. El término actual, parakaleo, es una combinación de dos palabras más pequeñas: kaleo que significa “llamar” y para que se traduce como “estar al lado de”. Así como el Espíritu Santo viene a nuestro lado a ayudarnos, de la misma forma podemos animar a otra persona. De hecho, cuando motivamos a los demás en la familia de Dios, esa acción es muy similar a la obra del Espíritu Santo.

Créame, cuando los creyentes se dan cuenta del valor de la motivación mutua, no existe límite en lo que podemos estimular a otros cumplir. Me parece emocionante pensar que Dios nos “ha llamado a ayudar” a los demás que están en necesidad. ¡Qué mejor involucrarnos en acciones que impulsen a los demás en vez de acabar con ellos!

La parte más bella del ánimo es esto: cualquiera lo puede hacer. No se necesita dinero para realizar esa tarea. Tampoco existe una edad adecuada. Francamente, algunas de las palabras o acciones de motivación más importantes que he recibido han sido de mis propios hijos cuando mi corazón estaba pesado. Ellos vieron mi necesidad. . . y se “acercaron a mi lado a ayudarme”.

Estoy convencido que miles de personas se están secando en los viñedos simplemente porque nadie les anima. Misioneros solos y olvidados, soldados que están lejos de sus hogares, los universitarios y seminaristas, las personas enfermas o a punto de morir, los divorciados y los que están de luto, aquellos que sirven fielmente detrás de bambalinas sin que nadie se fije en ellas o les hablen.

Volviendo a Hebreos 10:24, debemos “pensar en formas de motivarnos mutuamente al amor y a las buenas obras”. En otras palabras, debemos considerar detenidamente cómo impulsar, afirmar y ayudar a los demás. Los mandatos de Dios no son conceptos teóricos, especialmente aquellos que tienen que ver con las personas necesitadas.

Aquí hay algunas sugerencias que le pueden ayudar a poner en práctica esa acción:

• Observe y mencione cualidades de carácter admirables que nota en los demás tales como la puntualidad, la diligencia, una buena actitud, detalles, eficiencia o un buen sentido del humor.

• Envíe notas de agradecimiento o detalles pequeños con una nota escrita a mano.

• Exprese su aprecio por el esfuerzo extra de alguien.

• Fíjese en un trabajo bien hecho y coméntelo.

• Desarrolle una actitud afirmativa y positiva. El ánimo no puede subsistir en una atmósfera negativa.

• Pague la cuenta en un restaurante.

• Apoye a alguien que está sufriendo.

El ánimo debe convertirse en la cura natural de la vida. Pero asegúrese que no esté creando mayor carga para aquella persona que intenta animar. Lo que vaya a hacer, hágalo desinteresadamente sin esperar nada a cambio. Las expectativas recíprocas traen culpabilidad en vez de servir de estímulo. Además, sea sensible al momento de realizar sus acciones; una buena expresión de ánimo pocas veces se olvida.

Con frecuencia pienso en aquellas personas que realizaron su trabajo fielmente por un gran período de tiempo pero al final fueron reemplazadas y olvidadas. Pienso en personas como ex maestros, pastores o mentores quienes modelaron la vida cristiana solo para que después se perdieran en el mar de los recuerdos. Dedique un tiempo a recordar a esas personas que formaron parte de su vida. . . y trate de buscar formas de animarlos. Le sorprenderá ver lo mucho que eso significa para ellos saber que usted no los ha olvidado.

Permítame concluir donde el ánimo comienza. El deseo de la motivación se desarrolla en su hogar. Allí es donde esa virtud se cultiva. Los niños lo aprenden de sus padres al recibir de ellos palabras de afirmación, deleite y aprobación. Sin embargo, innumerables encuestas muestran un hecho lamentable: los hogares tienden a ser más negativos que positivos y más críticos que lugares de afirmación.

Le desafío a que su familia sea diferente. Realice los cambios que tenga que hacer para desarrollar una actitud de estímulo positivo y de refuerzo constante en su hogar. Su familia se lo agradecerá, créame. Y usted se convertirá en una persona más feliz durante el proceso.

 

Acerca del Autor

Charles R. Swindoll

Conocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una...