Héroes ocultos

Con frecuencia los héroes populares son idealizados hasta el punto de exagerar sus características. Eso es lamentable.

Debido a que son figuras públicas, la gente piensa que ellos son gigantes con la capacidad de saltar edificios de un solo brinco. Los ven como súper héroes con fortaleza infinita, visión ilimitada, una determinación implacable, aptitudes innatas y un carisma incomparable. Su valor es legendario. Sus palabras derrochan elocuencia. Sus recomendaciones tienen mucho peso. Su presencia es como algo mágico. Usted entiende que eso es una exageración, sin embargo. . .

De la misma manera ocurre en algunas vocaciones o llamados. . . cuando líderes talentosos de voces firmes se convierten en autores de citas célebres. Sus opiniones y decisiones sobresalen como si tuvieran la llave a la verdad. Nos guste o no, todavía necesitamos personas que tomen la batuta y fijen el paso. Será un reto muy grande lograr cumplir con esas expectativas.

Y así fue con Martín Lutero.

Uno no puede pensar en la Reforma sin mencionar su nombre. Así como a Henry Ford se le relaciona con la industria automotriz, a Ben Franklin con la electricidad, o a Albert Einstein con la física nuclear, así también relacionamos a Martín Lutero con la Reforma protestante. Lutero era un ejemplo a seguir, un aventurero, un inconformista, un clásico agente de cambio.

“Nací para luchar contra monstruos innumerables y demonios. Debo quitar piedras y obstáculos, cortar las espinas y los cardos, debo abrir camino en medio del bosque”.

Así hablaba Lutero. Así hablan los héroes. Con grandes declaraciones que coincidían con sus gestos, el monje de Witemberg prendió fuego a los santos que dormían en Alemania mientras él mismo avivaba el fuego gritando: “¡Herejía…herejía!” Aunque los prelados y los papas lo condenaban, él continuaba desequilibrándolos con sus discursos. Su lenguaje era áspero, los debates en privado

y las disputas en público dieron como resultado su excomunión. No obstante, su salida al igual que su entrada fue caracterizada por una vida sola, independiente e invencible. Lutero no necesitaba a nadie si podía apoyarse en Dios.

¿O acaso no es así? ¿No le pasa lo mismo a todos los “héroes”?

No, ciertamente no. Detrás de la gigantesca personalidad de Martín Lutero y lejos del ojo público, se encontraba el verdadero héroe. . . el auténtico intelectual de la Reforma. Hasta la fecha, muchos cristianos no recuerdan su nombre y mucho menos pueden deletrearlo correctamente.

“Por debajo de la estatura promedio, dudoso, vacilante, de cuerpo frágil. . .” así describe a Philip Melanchton uno de sus biógrafos. Con una “lengua tartamuda, siempre llevaba un hombro más alto que el otro”.

Sus relaciones públicas no atraían a nadie, no obstante, fue él quien ejerció la influencia más poderosa sobre Lutero cuando el portavoz llevó la antorcha y la sacudió en la cara de la Iglesia.

Él fue el pionero de la primera edición de la teología sistemática. Él fue el genio del sistema educacional de Europa. . . en realidad “el padre de la erudición moderna”. En su generación, su conocimiento del griego neo testamentario era superior al de cualquier otro erudito en Europa. ¡Cuánto Lutero necesitaba un amigo así! Cuando Martín necesitaba ayuda con pasajes difíciles de la Escritura, Philip lo asesoraba. De hecho, la traducción de Lutero fue un esfuerzo combinado más que un logro individual.

Lutero tenía el vigor, la calidez y una fuerza explosiva; Melanchton tenía la claridad del concepto, el criterio y la bondad. Lutero era el dínamo mientras que Melanchton lo equilibraba. Aquel osado Lutero sabía que tenía un gran tesoro en su erudito compatriota. Una vez Lutero se refirió a él con estas palabras: “El maestro Philip llega con su gentileza y suavidad, siembra y riega la semilla con gozo, de acuerdo a los dones que Dios le ha otorgado de manera abundante”.

Ellos eran un dúo de impacto. Lutero llevó la Reforma al pueblo, pero la moderación llena de gracia de Melanchton, su amor por el orden y su profunda e indisputable erudición hicieron que los más educados también apoyaran el movimiento.

Cuando Lutero murió, Melanchton fue, por supuesto, el que dio la oración fúnebre ante su tumba. Unos años después, el cuerpo del erudito también fue enterrado en el mismo lugar junto al héroe más famoso de la Reforma. Ahora yacen, apropiadamente, uno al lado del otro, en la Iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. La muerte, no la vida, es la que los puso en el mismo nivel.

¿Es usted ese héroe idealizado? ¿Esa figura pública que muchos quieren ver, conocer y hasta citar? Si es así, ¿es usted lo suficientemente grande como para reconocer quién es el viento que impulsa sus alas? O quizás usted sea más como Melanchton. Una persona que sirve detrás de las bambalinas. Una persona fiel y humilde a su labor haciendo que otra persona tenga éxito. Una persona que provee el combustible para que el fuego sea aún más intenso. ¡Anímese!

Los héroes ocultos frecuentemente son vistos de manera insignificante, subestimados. Y eso es muy desafortunado.

Adaptado del libro Come Before Winter and Share My Hope, Copyright © 1985, 1988, 1994 por Charles R. Swindoll, Inc. Todos los derechos reservados mundialmente. Utilizado con permiso.

Acerca del Autor

Charles R. Swindoll

Conocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una...