En Honor a Las Madres Espirituales

Lo logró. Logró sobrevivir otro Día de las Madres. Todavía está curándose las heridas, pero a pesar de eso, logró sobrevivir el día. Pudo mantener una sonrisa en su rostro y responder con gestos amables a esa pregunta que ya ha escuchado infinidad de veces: “¿Cuándo vas a tener un bebé?” Usted, al igual que muchas otras mujeres que no son madres, logró contener las lágrimas y miraba fijamente el boletín mientras un líder de la iglesia les pedía a las madres de la congregación que se pusieran de pie para aplaudirles a manera de reconocimiento.

Quizá para usted, el Día de las Madres es una ocasión muy alegre. Pero para muchas mujeres es un día difícil. Muchas de mis amigas no van a la iglesia ese día y evitan las redes sociales durante ese fin de semana para evitar sufrimientos. Tal vez ya tengan hijos adoptivos, pero todavía se lamentan por aquellos abortos espontáneos o esos años de infertilidad. Tal vez han sufrido ambas cosas, adopciones y embarazos que no se dieron. Quizás están solteras y desean una vida de casadas y con hijos, pero pareciera como si Dios no desea cumplirles esa petición.

El Día de las Madres abre nuevamente aquella herida emocionalmente dolorosa.

Lo bueno es que por ahora podrá dar un suspiro de aliento. No tendrá que preocuparse por esto los próximos 364 días. Bueno, al menos que una amiga la invite a un baby shower.

De acuerdo a la Asociación Nacional de Infertilidad en EE.UU., el 11.9% de las mujeres ha recibido algún tipo de tratamiento por infertilidad en su vida. Eso quiere decir que, en una congregación de 300 miembros, donde el 60% son mujeres, 21 de ellas han tenido que luchar o todavía están luchando

con la infertilidad. Dios les dijo a Adán y a Eva: “Sean fructíferos y multiplíquense” (Génesis 1:28). Así que, si usted no es “fructífera”, ni se “multiplica”, entonces la sociedad (especialmente la sociedad religiosa) le hace sentir fracasada.

Pero, ¿qué tal que pudiéramos multiplicarnos de otra manera?

Jesús les dijo a Sus discípulos: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

Muchas mujeres son “fructíferas” y se “multiplican” de manera regular; no obstante, esa multiplicación no tiene nada que ver con sus vientres. Ellas son las maestras, profesoras, mentoras, tías y amigas que guían niños, adolescentes, jovencitas y compañeras de trabajo, a conocer a Jesús.

Ellas hacen discípulos.
Ellas se están multiplicando fructíferamente.
Ellas son “madres espirituales”.

Un ejemplo bíblico de una madre espiritual es Priscila. Priscila y su esposo, Aquila, “le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios” a Apolo (Hechos 18:26). Apolo era un expositor elocuente que conocía el Antiguo Testamento y enseñaba apasionadamente acerca de Jesús. A la vez, necesitaba un poco de corrección y más explicación acerca del bautismo. Por esa razón, Priscila y Aquila se encargaron de instruirlo de manera más precisa. Apolo se convirtió en un instrumento útil para otros creyentes y debatió públicamente sobre las verdades de Jesús. Priscila y Aquila actuaron como maestros y padres espirituales de Apolo (Hechos 18:24-28).

Priscila tomó lo que aprendió de Pablo y lo pasó a Apolo quien a su vez lo pasó a otras personas. ¿Puede ver el legado de Priscila? Ella era una madre espiritual.

Mis abuelos no pudieron tener hijos y por eso adoptaron a mi madre desde que era bebé. La criaron en la iglesia, le enseñaron acerca de Jesús, y la hicieron escuchar las cruzadas de Billy Graham. Mis abuelos no fueron sus padres biológicos, pero fueron sus padres adoptivos y más importante aún, fueron sus padres espirituales. Mi madre nos enseñó a mi hermano y a mí acerca de Jesús. Mi hermano les ha enseñado a sus hijos acerca de Jesús. Yo le enseño a otras mujeres acerca de Jesús. ¿Puede ver el legado espiritual de mi abuela? Ella fue una madre espiritual.

El verano pasado, mi esposo ofició la boda de una pareja joven que habíamos discipulado. Duramente la recepción, el padre del novio nos pidió que nos pu­siéramos de pie. Luego nos agradeció por ser los pa­dres espirituales de su hijo y su nuera. Por la gracia de Dios, hemos creado un legado espiritual. Somos padres espirituales.

La semana pasada recibí un mensaje de texto de una amiga donde me decía: ¡Feliz Día de las Madres! Aunque no seas una madre físicamente, tienes muchos hijos espirituales. Que tengas un día maravilloso y lleno de muchas bendiciones”. Yo soy una madre espiritual.

¿Es usted una madre espiritual? ¿Se ha dado cuenta del legado que está dejando? Dedique unos minutos a reflexionar en las generaciones espirituales que usted ha establecido.

¿Tiene usted una madre espiritual? Quizás su madre biológica, adoptiva y espiritual sean la misma. Quizá usted tiene la bendición de tener muchas madres espirituales. ¿Cuándo fue la última vez que usted elogió y reconoció el legado espiritual que ellas le han brindado?

Esta semana envíele una nota o una tarjeta a esas madres espirituales en su vida. Agradézcales por el legado espiritual que ellas le han dado.

Acerca del Autor

Karla D. Zazueta

Karla D. Zazueta, de profesión arquitecta, ahora se desempeña como líder vocacional de discipulado. Posee una Maestría en Liderazgo Cristiano del Seminario Teológico de Dallas. Sirve al lado de su esposo el pastor Carlos A. Zazueta.