Las Relaciones con Nuestros Amigos

El pasaje en Génesis capítulo 2 es muy conocido. Después de que Dios hizo al hombre, observó que había una necesidad en su vida, una soledad persistente de la cual Adán no pudo deshacerse.

“Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él”. (Génesis 2:18)

Como cumplimiento de esa promesa de ayudar a Adán con su necesidad de compañía, Dios se involucró:

“Entonces el Señor Dios hizo que el hombre cayera en un profundo sueño. Mientras el hombre dormía, el Señor Dios le sacó una de sus costillas y cerró la abertura. Entonces el Señor Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre.” (Génesis 2:21-22)

En Génesis 3:8, leemos que el Señor vino a relacionarse con Sus criaturas durante “la brisa fresca de la tarde”. Me imagino que tal tiempo debe haber sido una práctica común entre Dios, Adán y Eva.

Él los consideraba valiosos y por eso el Creador infinito dedicaba tiempo para relacionarse con Sus amigos en el Jardín del Edén. Él observaba sus necesidades; se involucraba con ellos de manera personal y hacía todo lo necesario para ayudarles. Cultivar esa relación era algo que Dios consideraba una actividad beneficiosa.

Me hizo gracia una caricatura que vi en una revista. Mostraba un ladrón utilizando una de esas máscaras tipo llanero solitario. Con su pistola apuntaba a sus víctimas temerosas y les decía: ¡Denme todo lo que tengan de valor! En el siguiente dibujo, una de las víctimas empezó a meter a sus amigos en la bolsa del ladrón.

Tengo una pregunta para usted. ¿Qué tan valiosas son sus relaciones? Si le cuesta responder a eso le ayudaré a decidir. Haga una pausa y piense en los últimos dos meses. ¿Cuánto tiempo ha pasado desarrollando y disfrutando esas relaciones?

Jesús, el Hijo de Dios consideraba muy valiosa la relación que tenía con Sus discípulos. Literalmente, pasaban muchas horas juntos. Comían juntos, lloraban y estoy seguro que hasta reían juntos. Siendo Dios, Él realmente no “necesitaba” a esos hombres. Tampoco necesitaba aguantar los problemas que a veces ellos causaban. Pero Él amaba a esos doce hombres. Creía en ellos. Tenía una relación especial, muy parecida a la de Pablo, Silas y Timoteo; a la de David y Jonatán; a la de Bernabé y Juan Marcos; a la de Elías y Eliseo.

Tal como el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge lo expresó: “La amistad es un árbol de protección”. ¡Muy cierto! Cualquier tiempo que ocupemos para invertir en las relaciones será un tiempo bien utilizado. Y cuando lo hagamos, tengamos en mente que estamos “imitando a Dios”, ya que Su Hijo hizo exactamente eso.

Cómo Implementar Nuestro Tiempo Libre

Por supuesto, el objetivo final de todo esto es realmente ponerlo en práctica. Podemos asentir en señal de acuerdo hasta que la cabeza se nos caiga, pero nuestra mayor necesidad no es la disposición, es la demostración.

A continuación, un par de sugerencias que le ayudarán:

1. De manera deliberada, no permita que los detalles interminables de la vida le absorban. Nuestro Salvador lo expresó de manera clara cuando dijo que no podíamos servir a Dios y al hombre al mismo tiempo. Y lo hacemos, ¿no es cierto? Las palabras de Jesús en Mateo 6 se pueden parafrasear de la siguiente forma: No te preocupes por esas cosas que solo Dios puede controlar.

Cada mañana, decida de manera deliberada no permitir que la preocupación le robe su tiempo y su descanso.

2. De manera consciente, comience a apartar un tiempo para descansar. Recuerde, una vez que Dios hizo el mundo, Él descansó. Nosotros debemos imitarle.

Para que el descanso ocurra en nuestras vidas, Cristo debe encontrarse en el enfoque correcto. Él debe estar en el lugar correcto antes de que podamos esperar que nuestro mundo se acomode.

Se cuenta de un hombre que llegó a su casa sumamente exhausto. Era uno de esos días terribles llenos de presión, fechas límites y demandas. Su deseo era poder relajarse y encontrar quietud. Tomó el periódico y se sentó en su silla junto a la chimenea. Apenas se quitó los zapatos, su hijo de cinco años se subió en su regazo con una gran sonrisa: ¡Hola papá! ¿Jugamos?

Él quería muchísimo a su hijo, pero necesitaba un tiempo para recuperarse y descansar. ¿Cómo podría convencer a su hijo que lo dejara descansar unos minutos?

El hombre observó una gran imagen del planeta tierra en el periódico. Inmediatamente, le dijo a su hijo que le trajera unas tijeras y cinta adhesiva. Cortó la imagen del planeta en varias formas y tamaños para crear un rompecabezas. Una vez cortadas las piezas, se las dio a su hijo y le dijo: “Une las piezas y pégalas con la cinta adhesiva. Cuando lo hayas hecho, regresa aquí y jugaremos”.

El niño se fue corriendo a su cuarto mientras que el hombre suspiraba de alivio. Pero en menos de 10 minutos el chico ya había regresado con la imagen correctamente adherida. El padre asombrado le preguntó: ¿Cómo lo hiciste tan rápido?

“Fue muy fácil, papá. Detrás de la imagen del planeta tierra, se encontraba la foto de un hombre. Cuando puse las partes del hombre en su forma correcta, el planeta quedó ordenado también”.

Interesante, ¿verdad? Lo mismo sucede en la vida. Cuando el Hombre se encuentra en el lugar correcto, es asombroso lo que pasa en nuestro mundo. Y principalmente lo que nos pasa a nosotros. Puedo asegurarle que si hace un análisis de lo que es realmente importante en su vida; si mira al pasado y piensa en la forma en que administró su tiempo, su tiempo libre habrá sido más importante que todas esas horas que ocupó trabajando arduamente. No espere que sea muy tarde para disfrutar la vida.

Disfrútela ahora. Aléjese de la rutina y de las largas horas de trabajo. Descubrirá que la vida es más que el trabajo y un salario. Usted nunca será el mismo. Le aseguro que las fracturas causadas por la tensión sanarán.

En otras palabras, usted empezará a disfrutar la vida al máximo.

Acerca del Autor

Charles R. Swindoll

Conocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una...