Palabras Para Vivir

14 Marzo 2017

Los aguijones de Dios
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:5-9

Aparentemente, “dar coces contra el aguijón” era una expresión común tanto en la literatura griega como en la latina. Era una imagen rural que surgió de la práctica que tenían los labriegos de pinchar a sus bueyes en el campo. Aunque para nosotros no es familiar la frase, todo el mundo conocía en ese entonces su significado.

Los aguijones estaban hechos típicamente de pedazos livianos de madera, romos en un extremo y afilados en el otro. Los labriegos usaban la punta afilada para hacer que un buey testarudo se moviera. A veces, el animal pateaba al aguijón, pero cuanto más lo pateaba, más posibilidades había de que el aguijón hiriera la carne de su pierna, causándole mayor dolor.

La conversión de Saulo pudiera parecernos a nosotros como un encuentro repentino con Cristo. Pero basado en la expresión del Señor en cuanto a dar coces al aguijón, creo que Él ya había estado trabajando con Saulo durante años para moverlo y acicatearlo.

Creo que las palabras y la obra de Jesús inquietaban al celoso fariseo. Es muy posible que Saulo hubiera escuchado la enseñanza y la predicación de Jesús en los lugares públicos. Por tener una edad parecida, habrían sido contemporáneos en una ciudad que Saulo conocía bien y que Jesús visitaba con frecuencia.

Imaginemos a Saulo (el nombre Pablo significa “pequeño”, lo que sugiere que es posible que su estatura fuera menor a la del promedio) estirándose de puntillas para ver a Jesús, y al mismo tiempo preguntándose de mala gana cómo era posible que este falso profeta estuviera ganando cada vez más popularidad. ¡Qué tontería! ¡Ese hombre tenía que ser de Satanás! A los fariseos les encantaba pensar eso. No obstante, el ministerio de Jesús seguía estando en la mente de Saulo. Cuando más lo aguijoneaba, más resistía Saulo al llamado por parte de Dios.

Una vez que usted se haya encontrado seriamente con Jesús, como sucedió con Saulo, no hay manera de escapar de Él. Sus palabras y Sus obras le seguirán hasta lo más profundo de su conciencia. Por esto es que anímo a las personas que están multiplicando sus esfuerzos para resistir los testimonios de los Evangelios a estudiar la vida de Cristo, a examinar cuidadosamente sus cautivantes palabras. La mayoría de las personas que lo hagan con sinceridad, no podrán dejar a Jesús sin al menos haber re-evaluado su propia vida.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.