Palabras Para Vivir

13 Abril 2018

Cristianismo con Agallas
por Charles R. Swindoll

Daniel 4:35

Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: «¿Qué has hecho?» —Daniel 4:35

Su apellido era Bonhoeffer. Él era uno de aquellos que rehusó tener una actitud pasiva y mantenerse callado cuando las cosas andaban mal. Como resultado, fue arrestado y llevado a prisión el 5 abril de 1943. Allí, por dos años, fue prisionero de los nazis.

El 8 abril de 1945, un domingo de resurrección, este siervo de Dios predicó su último sermón desde la prisión. Consistió en un sencillo servicio de adoración, un versículo: «Por sus llagas fuimos nosotros curados»”, una oración y unas cuantas lágrimas. Súbitamente la puerta se abrió y se oyeron las palabras: «Prisionero Bonhoeffer, vente con nosotros». A esto siguió una breve despedida. Él jaló a uno de los hombres y le dijo al oído: «Este es el fin, pero para mí es el principio de la vida».

En el amanecer gris de la mañana siguiente, en el campo de concentración de Flossenburg, el amado Dietrich Bonhoeffer fue colgado por orden especial de Henrich Himmler. Parece una ironía cruel que su ejecución ocurrió solo días antes de que los aliados llegaran y liberaran a los prisioneros del campo de concentración. Pero ¿quién puede cuestionar la duración de la vida de una persona si Dios es verdaderamente soberano? Quizá su muerte hizo más para resaltar su memoria que lo que una larga vida jamás lo hubiera hecho.

En una época como la nuestra donde el pensamiento y la fe son superficiales y donde los santos del servicio secreto ensucian el paisaje, es motivante recordar a ese hombre que se convirtió en sinónimo de un cristianismo con agallas. La próxima vez que usted tenga miedo de levantarse solo o de hablar en defensa de la verdad aun cuando pueda ser malentendido, recuerde ese nombre. Le perteneció a alguien que tenía la convicción de que Dios era real y siempre estaba cerca de él.

Él era uno de esos «hombres de los cuales el mundo no era digno» (Hebreos 11:38). El hombre ha muerto, pero su nombre y sus palabras siguen vivas.

Su nombre era Bonhoeffer.

Adaptado de el libro por Charles R. Swindoll, Responde a Mi Clamor (Worthy Latino, Una división de Worthy Media, Inc., Brentwood, TN, 2014). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.