Palabras Para Vivir

Intrusiones
por Charles R. Swindoll

Filipenses 2:3-4

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. —Filipenses 2:3-4

Si usted no está seguro que tan egoísta puede ser, ocupe unos minutos y analice su actitud acerca de las intrusiones. Me refiero a esas interrupciones imprevisibles e inevitables que nos irritan, especialmente cuando son persistentes, y captan nuestra atención, estemos o no preparados para ello. Si usted es como yo, por lo general, no lo estamos.

Una intrusión es algo o alguien que se mete en nuestro mundo sin permiso, sin invitación y rehúsa ser ignorado. Por ejemplo, el toquido a su puerta temprano en la mañana. O el pasajero parlanchín sentad juntos a usted en ese largo vuelo. O esa enfermedad que llega en el momento menos oportuno. Pero, ¿cuál es la intrusión más común?

Las demandas constantes de los niños pequeños. Sí, constantes. La necesidad de un hijo de sentirse amado, de que lo escuchen, de que le ayuden, lo abracen, lo corrijan, lo entrenen, lo animen y ocasionalmente lo disciplinen.

Durante una de mis visitas al doctor, mientras esperaba en la recepción observé a una joven madre. Ella estaba embarazada y tenía a un niño pequeño más otro en pañales en sus brazos. Ella era una mujer ocupada. Los zapatos del niño tenían las agujetas sin amarrar, él se limpiaba sus narices en ella, le hacía doce preguntas por minuto, la sonaja caía (cinco veces conté), lágrimas y gritos, una botella de jugo que se regaba en la bolsa, y mientras ella la limpiaba con el último pañal limpio, el pequeño volvía a subírsele al cuello. No obstante, con una paciencia increíble, la madre no desmayaba. Todo su mundo continuaba siendo, y será, una intrusión gigantesca.

¿Recuerda las palabras de Jesús? «Así pues cualquiera que se humilla como este niño, es el mayor en el reino de los cielos. Y el que reciba un niño como este en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18:4-5).

Los niños son las ilustraciones más especiales que Jesús pudo haber usado. Él dice claramente que recibirlos a ellos es sinónimo de recibirlo a Él. Obviamente, él cree que ellos son sumamente valiosos, no importa cuántas demandas o cuántas intrusiones.

Adaptado de el libro por Charles R. Swindoll, Responde a Mi Clamor (Worthy Latino, Una división de Worthy Media, Inc., Brentwood, TN, 2014). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.