Palabras Para Vivir

11 Marzo 2017

Para Él no hay sorpresas
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:1-4

Pablo tuvo el control de su propia vida por más de 30 años. Su hoja de servicios en el judaísmo era insuperable. Mientras iba en busca de mayor reputación para sí mismo, el láser de la presencia de Dios lo paró en seco, dejándolo ciego. Al igual que el grupo de pastores que años atrás habían estado vigilando fielmente sobre sus ovejas en otra noche memorable en las afueras de Belén, Saulo y sus acompañantes cayeron al suelo, aturdidos.

Eso es lo que sigue sucediendo hoy cuando golpea la desgracia. Usted recibe la noticia tarde en la noche, por teléfono, y no puede moverse. Mientras el policía le habla del choque de frente de los vehículos, usted se quedó paralizado sin poder creerlo. Después de escuchar la palabra “cáncer”, usted está tan conmocionado que casi no puede salir caminando del consultorio del médico. Un amigo me dijo una vez que, después de escuchar su temido diagnóstico, se fue tambaleando al baño donde vomitó, cayó de rodillas y sollozó incontrolablemente. Los golpes inesperados de la vida nos causan tanto temor que casi no podemos continuar.

Por primera vez en su orgullosa y egoísta vida, Saulo se había vuelto un desesperado dependiente. No solo había sido derribado a tierra, sino que también estaba ciego. Sus otros sentidos estaban alertas y, para su sorpresa, escuchó una voz del cielo que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Estaba convencido de que había estado persiguiendo a unas personas, a los seguidores de un culto a un falso Mesías. Pero descubrió que el verdadero objeto de su abominable crueldad era Cristo mismo.

Vivimos en una cultura que confunde, por lo regular, humanidad con divinidad. Las líneas se vuelven confusas. Es la clase de teología empalagosa que dice que Dios está sentado en el extremo del cielo, pensando: ¿Qué irán a hacer ahora? ¡Qué absurdo! Dios es omnisciente, es decir que lo sabe todo. Esto implica, claramente, que Dios nunca aprende nada, no obstante nuestras decisiones pecaminosas y nuestras perversas acciones. Nada jamás lo sorprende a Él. Desde el momento en que somos concebidos, hasta el momento en que morimos, estamos seguros dentro del marco de Su mirada vigilante y de Su soberano plan para nosotros.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.