Palabras Para Vivir

Orando Unos Por Otros
por Charles R. Swindoll

Colosenses 1:9-10

Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. —Colosenses 1:9-10

Mientras leía un pasaje del primer libro de Samuel, llegué a una sección de la Escritura que ilustra de manera gráfica, el valor y la importancia esencial de orar por los demás.

He aquí una primicia. Samuel se encontraba en medio de una situación difícil. Su nación estaba pasando por un periodo de transición duro e incierto. Habían estado presionando por tener un rey y se salieron con la suya. Le tocaba a Samuel confrontar al pueblo… decirles acerca de su falta de sabiduría en su urgencia obstinada de ser como las demás naciones. El pueblo se dio cuenta de su insensatez, pero ya era muy tarde, (así pasa siempre, ¿cierto?). Además de su culpabilidad, vieron como el Señor enviaba truenos y lluvia, lo cual intensificaba sus temores.

¿Y ahora qué? ¿Cómo podrían seguir adelante después de que cometieron tal error? Vinieron a Samuel y le hicieron la siguiente petición: «Ruega por tus siervos al Señor, tu Dios para que no muramos, porque hemos añadido este mal a todos nuestros pecados al pedir para nosotros un rey» (1 Samuel 12:19).

Aunque la Biblia no lo dice, yo creo que Samuel dijo la siguiente frase con alegría: “Y en cuanto a mí, lejos esté de mí que peque contra el Señor cesando de orar por vosotros (1 Samuel 12:23). Él había estado orando por ellos desde el principio, así que no fue difícil continuar haciéndolo. Para él, no hacerlo sería pecar ante Dios.

A eso le llamo yo una reacción importante.

No existe una forma más significativa de involucrarnos en la vida de otra persona que mediante la oración constante. La oración es mucho más útil que el dinero; es mejor que un sermón; es más efectiva que un cumplido y más inspiradora que un abrazo cálido.

Lejos esté de nosotros pecar contra el Señor, dejando de orar los unos por los otros.