Palabras Para Vivir

9 Agosto 2018

Palabras venenosas
por Charles R. Swindoll

Proverbios 6
Proverbios 15

Cuando lisonjeamos, engañamos a alguien con el objetivo de aprovecharnos de la ocasión. Cuando chismeamos, denigramos a las personas ante los demás. En ambos casos, hay engaño. Hoy consideraremos la confrontación destructiva. Ciertamente es directa y abierta, a diferencia de la forma cobarde de la lisonja y el chisme, sin embargo, el efecto también es dañino.

Discusiones, pleitos y palabras airadas

Dedique un tiempo a leer Proverbios 14:16, 1 7; 15:4; 17:14; 18:6; 25:1 5; 29:11.  También será de provecho que analice cuidadosamente lo siguiente:

No hagas amistad con el iracundo ni tengas tratos con el violento no sea que aprendas sus maneras y pongas una trampa para tu propia vida (22:24, 25).

El hombre iracundo suscita contiendas, y el furioso comete muchas transgresiones (29:22).

Cuando hablo de discusiones y pleitos no me refiero a aquellas conversaciones donde hay opiniones diferentes o una confrontación constructiva. Una conversación abierta e inteligente debe permitir que las personas se expresen libremente y sin temores. Naturalmente, en ocasiones, eso significa una diferencia de opiniones.

Las discusiones y los pleitos, por el contrario, tienen que ver con actitudes negativas tales como la obstinación y la rigidez.

La palabra «iracundo» en Proverbios 22:24 tiene que ver con una persona que se ha apropiado o adueñado de la ira. De la misma forma, una persona violenta sugiere la ilustración de una olla de veneno que está hirviendo. La reacción de esta clase de persona es lanzar su veneno negativo cada vez que se enoja con algo o con alguien. Ya que la ira engendra ira, el pleito sigue a esta persona todo el tiempo. El sabio nos previene que esta clase de ira se puede convertir en un rasgo adquirido de la personalidad. Si nos asociamos con una persona habitualmente iracunda, pronto llegaremos a ser como ella.

Habiendo dicho esto, debo reconocer que el enojo es una reacción natural y normal cuando alguien nos hace daño o nos ofende. La Biblia no condena el enojo como un pecado en sí mismo. En el versículo 22 del capítulo 29 dice que eso puede suscitar contiendas y dar a Satanás la oportunidad de destruir las relaciones (Efesios 4:26, 27).

Por eso Dios nos dice que confrontemos directamente a los que nos ofenden para poder resolver el asunto cara a cara y de una vez por todas. Si esa persona se disculpa, hemos ganado un amigo (Mateo 18:15). Si después de varios intentos de reconciliación la disculpa no ocurre, puede decidir entonces «pasar por alto la ofensa» (Proverbios 19:11; Efesios 4:32; Colosenses 3:13).

Sea cual sea la situación, no debemos dejar que la ira tome lugar en nuestros corazones. La ira buscará echar raíces en su corazón y luego adueñarse de él, transformándole en una persona iracunda.

Reflexión: ¿Hay alguna disputa sin resolver que se mantenga de manera emocional o mental alejado de otra persona? ¿Ha intentado hablar de este asunto cara a cara, durante una conversación privada y calmada? Si no lo ha hecho, quizás sea una buena idea pedirle a un mediador que el ayude a realizar una confrontación constructiva. Si todos los intentos de resolver la situación ha fracasado, entréguele el problema a Dios y pídale en oración que le dirija.

 

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.