Palabras Para Vivir

26 Diciembre 2017

El rey Herodes y su ira
por Charles R. Swindoll

Mateo 2:2
Mateo 16-18

La historia le ha conferido al rey Herodes el título de "El Grande" debido a sus extraordinarios proyectos de construcción. Herodes construyó el primer puerto artificial de Israel en Cesarea, un palacio grandioso en Jericó y su mayor logro, el Templo de Jerusalén.

Pero este gran rey también sufría de paranoia al pensar que sus súbditos judíos algún día se amotinarían contra él, o que sus propios familiares tratarían de asesinarlo. Por esa razón, Herodes sencillamente ejecutaba a aquellos a quienes consideraba una amenaza. ¡Problema resuelto!

Debido a sus sospechas incesantes, Herodes construyó once fortalezas en todo Israel, lugares de los cuales podría escapar fácilmente de un momento a otro. Las tres fortalezas más significativas se encontraban una en Jerusalén, otra en Masada y una más en un sitio que él mismo llamó, el Herodión.

Los Magos del Oriente habían viajado a Jerusalén y le habían preguntado al rey Herodes: "¿Dónde está Aquel que ha nacido Rey de los judíos? ¡Una pregunta ingenua por parte de los Magos del Oriente! Ya que Herodes al escuchar que otro rey había nacido fue el incentivo que necesitaba para buscar y asesinar al niño. Sin embargo, José, María y Jesús se encontraban seguros al haber escapado a Egipto. Herodes asesinó a todos los niños de Belén menores de dos años, pero no tuvo éxito en su misión de matar al Rey de los judíos.

Años después, el enfurecido rey Herodes murió y fue enterrado en el Herodión donde recientemente los arqueólogos descubrieron su tumba. Desde el Herodión, el cual hoy se encuentra en ruinas, irónicamente todavía se puede ver Belén, lugar donde nació el verdadero Rey de Israel.

Más de tres décadas después de la muerte de Herodes, durante su último viaje a Jerusalén, Jesús caminó entre los edificios del palacio de Herodes en Jericó. Mientras las sombras de esos edificios lujosos se posaban sobre el Salvador, tal vez Él pensó en ese rey obsesionado que intentó matarlo cuando Él había sido niño. Irónicamente, el rey Herodes yacía muerto en el palacio mientras que Jesús vivió para pasar entre esos muros. . . en camino para voluntariamente entregar Su vida por los pecados del mundo.

En la actualidad, cada uno de los lujosos palacios del rey Herodes el Grande y sus fortalezas se encuentran en ruinas, un testimonio más de que las glorias terrenales son efímeras.