Palabras Para Vivir

13 Abril 2017

Las últimas veces
por Charles R. Swindoll

Mateo 26:36-46
Marcos 14:32-42
Lucas 22:39-46

En algún momento ya tarde esa noche, Jesús y Sus discípulos dejaron el aposento alto y caminaron por las calles de Jerusalén. Pasaron el estanque inferior y salieron de la ciudad usando la Puerta de la Fuente. Como la ciudad estaba llena de peregrinos que se encontraban acampando a lo largo de los caminos y en las colinas debido a la Pascua, nadie hubiera notado a ese grupo de personas que caminaban por el Valle de Cedrón por última vez.

El jueves en la noche se convirtió en la noche de las últimas veces. La Pascua había sido la última vez que cenaron juntos. Por última vez iban juntos al Monte de los Olivos. Jesús miró a Sus amigos, plenamente consciente que sería la última vez que estarían juntos antes que lo abandonaran. Eso ocurriría en poco tiempo.

Jesús sabía que en las próximas horas, oiría las voces de Sus captores subiendo por la colina con antorchas en medio de la noche. No huiría, aunque Él podía hacerlo. Ellos pensarían que lo habían capturado a la fuerza, pero Él sabía lo que ellos no podían saber. Esta no era la marcha del condenado, sino una batalla estratégica en una guerra en donde la victoria ya había sido prometida y asegurada.

Jesús comenzó la batalla en ese monte, una hora antes de su arresto. En esencia, Él dijo: "Que pase, que pase de mí esta copa". Tres veces le rogó al Padre bajo la sombra de los árboles de olivo. En Su soledad decía: " Padre, si es posible, que pase de mí esta copa".

Allí también ganó la batalla al rehusarse a que una voluntad obstinada siguiera luchando, Él dijo en esencia: "Padre. . . no se haga mi voluntad, sino la Tuya". Sometimiento. La voluntad de Jesús y la del Padre era una, como siempre lo había sido. No había distancia entre ellos. Aunque al día siguiente habría suficiente distancia entre ellos. Esa noche, bajo los nudosos árboles de olivo, Jesús se acercó a Su Padre en oración.

Él había venido a cumplir la voluntad del Padre y voluntariamente se había sometido a Su plan. Al someter Su propia voluntad, ganó una batalla importante en el camino a la victoria.