En el artículo anterior comenzamos hablando del menú de cuatro tiempos para disfrutar de un exquisito alimento espiritual de las Escrituras. Para despertar su apetito, le presentamos el primer tiempo, que fue el delicioso entremés de información acerca de la naturaleza de la Palabra de Dios. En este artículo le presentaremos el segundo tiempo.

SEGUNDO TIEMPO: PLATILLO DE ENTRADA

Así como esas sabrosas entradas de sopa y ensalada preceden al platillo principal de una comida cuidadosamente preparada, también todos los libros del Antiguo Testamento nos preparan para el plato principal que es Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías prometido. El aroma de Cristo y Su venida se percibe a través de las historias, narrativas y páginas de los deliciosos olores de la cocina de banquetes del Antiguo Testamento, lo que indica a los invitados que algo maravilloso está por venir. Desde Génesis hasta Malaquías, el Espíritu Santo agrega el sabor de Cristo y Su gracia en cada mensaje, abriendo el apetito de los destinatarios para obtener más.

Primero, están los libros de historia, presentados en la apertura del Antiguo Testamento. Gran parte del material en esta sección de las Escrituras se presenta en forma de narrativa, es decir, contando la historia de Dios y Sus tratos con la creación. También en esta sección, los primeros cinco libros de la Biblia, encontrará los Diez Mandamientos y las leyes que Dios le dio al pueblo de Israel para que las obedeciera. Los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio con frecuencia se hace referencia a ellos como la Ley, o «Torá» en hebreo.

Dios anhelaba tener una relación profunda y fiel con Su preciada creación: Adán y Eva, y subsecuente, con toda la humanidad. Cuando ese pacto de amor fue roto por el pecado (Génesis 3), Dios actuó con gracia y misericordia para proporcionar un medio para que todos los que cayeran bajo la maldición del pecado se reconciliaran con Él.

Los grandes cuentos incrustados en los libros de historia transmiten este tema del pacto de amor incondicional de Dios por Su pueblo, una cierta promesa de bendición por la obediencia a Sus mandamientos, y un peligro espiritual para cualquiera que elija voluntariamente ignorarlo.

De los libros de historia fluyen los libros de poesía—los cantos (el libro de los Salmos) y las expresiones líricas (Job, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares) de reyes y personas propensas a deambular, pero con frecuencia protegidas y traídas de vuelta al refugio eterno de un Dios misericordioso y perdonador (Salmos 84:1-7). Esta colección de escritos del Antiguo Testamento también se conoce como literatura sapiencial o de sabiduría por su verdad eterna dada para impartir sabiduría a aquellos que creen en Dios y obedecen Su Palabra.

Lo que sigue son los libros de profecía (Isaías a Malaquías). El pueblo de Dios, ya sea como individuos o como una nación entera, en muchas ocasiones fracasó lamentablemente en el cumplimiento de los mandamientos de Dios. Por lo tanto, Dios comisionó a los profetas para anunciar mensajes de advertencias severas con respecto a las consecuencias de su continua desobediencia. Estas palabras llegaron sazonadas con las amargas especias de la decepción e ira de Dios con el objetivo de lograr el arrepentimiento completo e inquebrantable de Israel.

Los libros del Antiguo Testamento, desde Isaías hasta Daniel, comprenden lo que se conoce como los profetas mayores porque son significativamente más largos que los otros libros de profecía. Los libros de profecía más cortos (hay 12) abarcan desde Oseas hasta Malaquías, y en su mayor parte confrontan al pueblo de Israel para volverse de nuevo hacia su Dios. Los libros de profecía están compuestos por las palabras de advertencia de Dios y Sus mandamientos a los muchos reyes que gobernaron sobre Israel (el reino del norte) y Judá (el reino del sur) y las naciones paganas circundantes de ese tiempo.

El Antiguo Testamento termina (al final de Malaquías) con una tensión amenazante e irresuelta con el pueblo de Dios que no termina de apartarse completamente de sus errantes y tercos caminos. Con esto, ya estamos listos para recibir el tercer tiempo… ¡La mesa está preparada para el platillo principal!

TERCER TIEMPO: PLATILLO PRINCIPAL

¡El platillo principal es Jesús! Él viene lleno de gracia y verdad, y se declara a Sí mismo como «el pan de vida» (Juan 6:35) que promete satisfacer la persistente hambre espiritual del corazón humano.

Sobre nuestra mesa hermosamente puesta, el Nuevo Testamento nos sirve el nutritivo y satisfactorio mensaje de Jesús como el Mesías prometido por Dios. Su nacimiento, vida, muerte y resurrección están representadas, cada uno con diferentes temas en las cuatro versiones del Evangelio: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Por ejemplo, Mateo, siendo un recaudador de impuestos judío que seguía a Jesús, tenía una profunda carga para su propio pueblo, por lo que él enfatizó a Jesús como el Mesías y la naturaleza de Su reino en la tierra. Por otro lado, Marcos, que probablemente escribió durante un tiempo de intensa persecución de los cristianos a manos del emperador romano Nerón, se centró en el costo del discipulado, levantando los ojos de los creyentes asediados hacia Jesús, cuyo sufrimiento trajo Su salvación. El evangelista Lucas, también escribiendo a una audiencia específica, enfocó su tema en la evidencia de que Jesús, de hecho, era quien dijo ser al entregar una revisión casi científica y periodística de la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús (Lucas 1:3-4 ). Finalmente, el evangelio de Juan ofrece una defensa inspiradora, teológicamente compleja y cautivadora de la deidad de Jesús, que retrata de manera exquisita cada episodio de las obras milagrosas de Cristo, con un objetivo implícito y apasionado: «para que ustedes continúen creyendo» (Juan 20:31, NTV).

No olvidemos la guarnición

Así como cada platillo principal exquisitamente servido viene acompañado de la guarnición correspondiente, el mensaje principal de los Evangelios— la vida, el ministerio, la muerte y la resurrección de Cristo—viene fortificado y se sirve con un menú de libros complementarios, comenzando con un libro de historia, el libro de los Hechos, escrito por Lucas. Éste viene seguido de las cartas de Pablo, desde Romanos hasta Filemón, y las epístolas generales, escritas por otros apóstoles, incluidos Pedro, Santiago, Juan y Judas—el medio hermano de Jesús. Estas cartas incluyen desde Hebreos (de autor desconocido) hasta el libro de Judas.

Cada escritor, con cuidadosa atención para explicar e interpretar las palabras y obras de Jesús, aporta un significado más profundo al Evangelio, aplicándolo a la vida cristiana. Con ilimitados nutrientes espirituales (aplicaciones), estos libros proporcionan todo lo que usted necesita para madurar en su fe, incluyendo cómo confiar en que Dios está obrando todo para su bien (Romanos 8), cómo amar y servir a su cónyuge (Efesios 5), cómo defenderse y mantenerse firme contra las estrategias del Diablo (Efesios 6), cómo enfrentar la preocupación por medio de la oración (Filipenses 4), cómo verse sentado en lugares celestiales, donde Cristo se sienta a la diestra de Dios (Colosenses 3), cómo esperar la venida del Señor (1 Tesalonicenses 5), cómo mantener una enseñanza bíblica sólida con una conciencia limpia y una fe sincera (1 Timoteo 1), cómo mantenerse firmes en la fe y acercarse confiadamente al trono de la gracia de Dios en oración (Hebreos 4) , cómo ser un hacedor de la Palabra y no un mero oyente (Santiago 1), cómo soportar el sufrimiento ante la persecución venidera (1 Pedro 4), cómo sobrellevar las cargas de los demás (1 Juan), y cómo arrebatar a los pecadores de las llamas de juicio eterno, sin que usted se queme (Judas 23).

¡Qué comida espiritual tan rica y maravillosamente satisfactoria se nos brinda a todos en la difusión del Nuevo Testamento! Pero todavía nos falta un tiempo más. . .

CUARTO TIEMPO: POSTRE

¡El postre es la dulce revelación de que al final, Jesús vendrá otra vez! El último libro de la Biblia es el libro de Apocalipsis, un libro de profecía. Al igual que la dulce culminación de un menú de cuatro tiempos con platillos ricamente elaborados y disfrutados, el Apocalipsis concluye la historia bíblica con el dulce mensaje del regreso de Cristo y el cumplimiento de toda la revelación de Dios. Escrito por el apóstol Juan, exiliado en la isla de Patmos, este rico libro lleno de imágenes proféticas promete bendición eterna para cualquiera que lea o escuche sus verdades.

¿Entonces, cómo estuvo el menú? ¿Está lleno? ¿Ha aumentado su apetito por más alimento espiritual de la Palabra de Dios? Ahora que sabe lo que hay en el menú, ¡no pierda tiempo en preparar sus propias comidas espiritualmente satisfactorias estudiando las Escrituras por usted mismo!

¡Buen provecho!