¿Cuáles son los beneficios del estudio de la Biblia? ¿Qué diferencia hace en nuestras vidas? Como cristianos debemos estudiar la Palabra de Dios regularmente, e incluso memorizarla. Sin embargo, el deseo de Dios al darnos Su Palabra no es para que aprendamos más doctrina, ética o incluso, inspirarnos. Su propósito es que crezcamos hasta llegar a la madurez y de esa manera ser instrumentos más eficaces en Sus manos para llevar a cabo Sus planes y propósitos. Esto nos lleva a la segunda recomendación del chef en cuanto a nutrirnos con las Escrituras.

Segunda recomendación: Ya que las Escrituras proveen de alimento espiritual, es esencial que el creyente las ingiera regularmente para incentivar su crecimiento y madurez espiritual, a fin de ser más eficaz espiritualmente.
Deseo sugerir tres beneficios de invertir tiempo en el estudio de la Palabra de Dios. De hecho, estos beneficios no son opcionales sino esenciales para el desarrollo espiritual.

Una de las características que todos los niños tienen en común es que quieren crecer y ser como sus hermanos mayores o sus padres. Cuando nacemos de nuevo, somos bebés espiritualmente; si somos saludables, anhelamos crecer. El apóstol Pedro, consciente de esto, escribe lo siguiente:

«Como bebés recién nacidos, deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación. Pidan a gritos ese alimento nutritivo». (1 Pedro 2:2, NTV)

Se pueden extraer tres palabras importantes de esta verdad. La primera es apetito. Los bebés por naturaleza «desean» leche y su nutrición resultará en su crecimiento. Cuando el creyente se da cuenta de su necesidad de la Palabra de Dios y encuentra su nutrición en Cristo, su apetito espiritual aumentará y empezará a crecer.

La segunda palabra es propósito. Pedro dice que el propósito de la Biblia es «para que crezcan». Ciertamente no se puede crecer sin conocer. Pero se puede conocer y no crecer. La Biblia no fue escrita para satisfacer la curiosidad, sino para ayudar al creyente a crecer conforme a la imagen de Cristo. No fue dada para llenar su mente con una colección de hechos bíblicos, sino para transformar su vida.

La tercera palabra es actitud. Pedro describe la actitud de un recién nacido hacia la leche: la pide a gritos. Como bebés recién nacidos, los creyentes deben alimentarse de la leche de la Palabra y crecer en su comprensión y aplicación de Lamentablemente hay personas que no desean crecer. Prefieren quedarse estancadas en pensamientos y conductas infantiles. Tal vez ese fue el tema que abordó el autor de la carta a los Hebreos al finalizar el capítulo cinco. Se dirige a un grupo de personas que, por años, habían profesado ser cristianas, pero su comportamiento mostraba lo contrario.

«Nos gustaría decir mucho más sobre este tema, pero es difícil de explicar, sobre todo porque ustedes son torpes espiritualmente y tal parece que no escuchan. Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la Palabra de Dios. Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. (Hebreos 5:11-13, NTV, énfasis añadido)

El escritor expresa que tiene algo que decir, pero que es «difícil de explicar». ¿Por qué? ¿Es alguna cuestión difícil de la revelación? No, es la densidad de los receptores. Tiene deficiencias de aprendizaje; «son torpes espiritualmente», es decir, que lo que les entra por un oído les sale por el otro.

La frase clave del pasaje es «hace tanto que son creyentes». El escritor les dice a sus lectores, que con el paso del tiempo ya deberían estar en la universidad, pero que todavía continúan en el grado preescolar, aprendiendo el abecedario una y otra vez. Cuando deberían estar comunicando la verdad a otros, necesitan que alguien les comunique la verdad a ellos.

De hecho, él dice que todavía necesitan leche, no alimento sólido. El escritor define la «leche» como «las cosas básicas de la Palabra de Dios» (v.12). La «carne» de las Escrituras es la enseñanza sobre el ministerio actual de nuestro Señor Jesucristo en el cielo como nuestro Sumo Sacerdote, al igual que Melquisedec. En otras palabras, la leche de las Escrituras se refiere a lo que Jesucristo hizo en la tierra: Su nacimiento, Su vida, Sus enseñanzas, Su muerte, sepultura y resurrección. Mientras que el alimento sólido de las Escrituras se refiere a lo que el Señor está haciendo ahora en el cielo. Empezamos la vida cristiana con base en Su obra terminado en la tierra… pero crecemos en la vida cristiana con base en Su obra continua en el cielo. Por supuesto, aun el adulto más maduro no desecha la leche. La disfrutamos en el cereal o en un batido de frutas. Como creyentes, todavía podemos aprender mucho de la obra de nuestro Señor en la tierra. Pero no debemos detenernos allí, sino seguir progresando en nuestra vida espiritual, y esto solo es posible si aprendemos acerca del ministerio sacerdotal de Cristo a favor nuestro en el cielo.

El escritor de Hebreos continúa diciendo, «el alimento sólido es para los maduros» (v. 14a). ¿Quiénes son los maduros? ¿Son las personas que asistieron al seminario? ¿Quiénes saben más versículos bíblicos de memoria? No; son «los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo» (v. 14b).

Alguien maduro espiritualmente es aquella persona que ha aprendido por sí misma mediante el constante uso de las Escrituras a distinguir entre el bien y el mal. La marca de la madurez espiritual no es cuánto usted entiende, sino cuánto aplica en su vida lo que aprendió. En la dimensión espiritual, lo opuesto a la ignorancia no es el conocimiento sino la obediencia. La Biblia es el medio divino para desarrollar la madurez espiritual. No existe otro medio.

«Entonces, no se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente. En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios». (Hebreos 6:12, NTV)

Este versículo resume el mensaje principal de esta sección difícil (y a veces mal entendida) de la carta a los Hebreos. Israel quería volverse a Egipto y, como resultado, una generación completa no logró obtener lo que Dios le había prometido. Fueron librados de la esclavitud en Egipto, pero nunca disfrutaron el reposo prometido en Canaán. Nosotros, los creyentes, podemos cometer hoy el mismo error. Aprender las verdades de la Palabra de Dios y aplicarlas a nuestras vidas por medio del poder del Espíritu Santo nos mantendrán en el camino correcto y nos capacitarán para el progreso espiritual.

  1. El estudio de la Biblia es esencial para lograr eficiencia espiritual.

La Biblia es la Palabra de Dios inspirada y confiable, por lo tanto, debemos leerla y aplicarla a nuestra vida. Pablo expresó a Timoteo las siguientes palabras:

«Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra». (2 Timoteo 3:16-17, NTV)

Pablo dice que todas las Escrituras son útiles. ¿Útiles para qué? Él menciona cuatro cosas. Primero para la doctrina o la enseñanza. Es decir que, estructurará su pensamiento. Esto es crucial, porque si usted no está pensando correctamente, no está viviendo correctamente. Lo que usted cree determinará su conducta. Él también dice que es útil para hacerle ver lo que está mal. Eso significa que le dirán a usted dónde se ha salido de los límites establecidos por Dios. Le dice a usted qué es pecado y qué es lo que Dios quiere para su vida. Tercero, es útil para corregir. La Biblia abre la puerta en su vida y provee dinámicas purificadoras que le ayudan a limpiar el pecado y a aprender a conformarse a la voluntad de Dios. En cuarto lugar, la Biblia es útil para enseñar a hacer lo correcto. Dios la emplea para mostrarnos cómo vivir. Habiéndole corregido en los aspectos negativos, le da las directivas positivas para continuar la vida.

En nuestro esmero por conocer la verdad de las Escrituras no debemos olvidar su propósito: ayudarnos a conocer a Dios y prepararnos para hacer Su voluntad. La razón por la cual Dios no puede usarle más de lo que Él quisiera es porque usted no está preparado. Quizá usted ha asistido a la iglesia por cinco, diez o veinte años, pero no ha descubierto el potencial de su Biblia para estar preparado y ser usado como un instrumento de Dios. Usted ha estado bajo la enseñanza de la Palabra, sujeto a ella, pero no lo ha hecho por usted mismo.

No deberíamos estudiar la Palabra de Dios únicamente para aumentar nuestro conocimiento o para ganar argumentos teológicos. Debemos estudiar la Biblia para saber quién es Dios y porque es esencial para nuestro crecimiento y madurez espiritual y estar preparados para ser un instrumento afinado en Sus manos para lograr Sus propósitos. De nada serviría nuestro conocimiento de las Escrituras a menos que fortalezca nuestra fe y nos prepare para hacer el bien.