Palabras Para Vivir

Descrubir una sabiduría invaluable
por Charles R. Swindoll

Salmos 119:11:15-16

En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti… meditaré en tus preceptos y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos y no olvidaré tu palabra. —Salmos 119:11:15-16

Howard Carter se quedó boquiabierto cuando escuchó la pregunta de su asistente.

Por varios siglos, los arqueólogos, turistas y ladrones de tumbas habían buscado las sepulturas de los faraones egipcios. Se creía que ya todo estaba descubierto. Pero por alguna razón, él estaba convencido de que todavía había una tumba más. Y entonces, finalmente… ¡Eureka!

Howard Carter penetró la silenciosa oscuridad y vio lo que ningún otro hombre moderno había visto. Uno de sus ayudantes que estaba detrás de él, le preguntó: «¿Puedes ver algo?» ¡Qué si podía ver algo! El área estaba llena de animales de madera, estatuas, baúles, carruajes, esculturas de cobras, vasijas, dagas, joyas, un trono y hasta un ataúd hecho a mano en cuya tapa se veía esculpida la imagen de oro de un rey adolescente. Todo el lugar estaba lleno de oro. Ese fue, por supuesto, el descubrimiento arqueológico más emocionante del mundo: la tumba y el tesoro del rey Tutankamón.

No creo que haya muchas emociones tan grandes como el gozo de un súbito descubrimiento. El dolor y el costo de la búsqueda se olvidan instantáneamente. Las inconveniencias, las muchas horas, los muchos sacrificios, todo se disipa ante la alegría de descubrir algo especial. Uno se pierde en el momento al ver un descubrimiento maravilloso al igual que un niño cuando mira una araña.

Salomón escribió acerca del mayor descubrimiento de todos: el tesoro de la Escritura. «Hijo mío, si recibes mis palabras. . . si la buscas como a plata y la procuras como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor del Señor, y descubrirás el conocimiento de Dios» (Proverbios 2:1, 4-5).

¡Qué gran descubrimiento! En la Escritura se encuentran bóvedas de sabiduría invaluable que no se puede encontrar si uno anda deprisa. La verdad de Dios se encuentra allí, esperando que la descubran. La Palabra de Dios, al igual que una mina profunda, está lista para ceder sus tesoros. ¿Puede usted ver algo?

Adaptado del libro por Charles R. Swindoll, Responde a Mi Clamor (Worthy Latino, Una división de Worthy Media, Inc., Brentwood, TN, 2014). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.