La Obediencia y la Fidelidad de Dios

¿Ha estado usted alguna vez en presencia de una persona de fe, en cuyo vocabulario no existe la palabra «imposible»? De no ser así, busque a algunas de estas almas intrépidas, porque las necesita en su vida. ¡Esta es la clase de asociaciones increíbles que Dios utiliza para desarrollar nuestra fe!

Elías se dirigió a Sarepta y, cuando llegó a las puertas del pueblo, vio a una viuda juntando leña y le dijo:
—Por favor, ¿podrías traerme un poco de agua en una taza?
Mientras ella iba a buscarle el agua, la llamó y dijo:
—También tráeme un bocado de pan. Pero ella respondió:
—Le juro por el Señor su Dios que no tengo ni un pedazo de pan en la casa. Solo me queda un puñado de harina en el frasco y un poquito de aceite en el fondo del jarro. Estaba juntando algo de leña para preparar una última comida, después mi hijo y yo moriremos.
—¡No tengas miedo! Sigue adelante y haz exactamente lo que acabas de decir, pero primero cocina un poco de pan para mí. Luego, con lo que te sobre, prepara la comida para ti y tu hijo. Pues el Señor,

Dios de Israel dice: «Siempre habrá harina y aceite de oliva en tus recipientes, ¡hasta que el Señor mande lluvia y vuelvan a crecer los cultivos! (1 Reyes 17:10-14,NTV)

Esa viuda que estaba a la puerta de Sarepta escuchó a Elías y estoy convencido de que ella jamás volvió a ser la misma persona. Elías fue para ella la lección que él ya había aprendido; la lección de la obediencia fiel. Dios le había dicho: «ve», y él fue. Ahora, Elías le dice a la mujer que ponga en práctica la misma clase de obediencia: le dice: «ve» y «haz».

Así que ella hizo lo que Elías le dijo, y ella, su familia y Elías comieron durante muchos días. Siempre había suficiente harina y aceite de oliva en los recipientes, tal como el Señor lo había prometido por medio de Elías. (1 Reyes 17:15-16, NTV)

Como respuesta, ella «fue» e «hizo». Eso es lo que se llama obediencia, en su forma más sencilla.

¡La obediencia del hombre y la fidelidad de Dios son una combinación que obra milagros! Leamos esto y otra vez. En medio de la prueba más severa, Elías y la viuda obedecieron y Dios produjo un milagro. La tinaja de harina jamás estuvo vacía y la botella de aceite nunca estuvo seca. ¡Qué emocionante debió ser para esa mujer y para su hijo, sentarse a la mesa y comerse esas milagrosas tortas!

La viuda de Sarepta se encontró con Dios en la cocina. Miró la tinaja y vio la harina. Miró la botella y halló el aceite. La última vez que había buscado en la despensa apenas había lo suficiente para preparar un poquito de comida. Pero ahora, cada mañana y cada noche, y día tras día, alababa a Dios por Su provisión.

Ahora bien, esto no significa que la mujer y su hijo tuvieron todo lo que deseaban, pero sí tenían todo lo que necesitaban. Cuando usted ha llegado al límite de sus recursos y Dios dice «no» a sus deseos, pero «sí» a sus necesidades, usted debe de considerarse más que satisfecho.

Después de estudiar lo que aconteció en la vida del profeta, esto fue un clímax en la preparación de Elías como hombre de Dios.

Cuando observo este momento crucial en la vida y el ministerio de Elías, hallo también cuatro lecciones permanentes para nuestra vida:

1. La dirección de Dios es muchas veces sorprendente; no trate de explicarla. Si Dios le dice que vaya a Sarepta, no trate de hallarle explicación. Simplemente vaya. Si Dios lo coloca en una situación difícil y siente Su paz, no trate de explicarla, ni tampoco de huir de ella. Cuanto más vivo, más creo que la dirección de Dios carece muchas veces de lógica desde el punto de vista humano. Es un misterio, al menos desde nuestra perspectiva limitada.

2. Los primeros días son a menudo los más difíciles; no se rinda. Esto nos puede llevar al pánico y a tirar la toalla. No lo haga. Al adversario de nuestras almas le encanta descarrillarnos,desanimarnos y tentarnos a que nos demos por vencidos. Aprendamos del ejemplo de Elías. Ni siquiera una viuda pobre, que apenas tenía suficiente energía para recoger unos leños y prepararse una última comida, la desanimó. Dios utilizó la fe de Elías para encender una nueva esperanza en ella, y para darle una razón para seguir viviendo. La confianza en Dios es algo contagioso.

3. Las promesas de Dios dependen a menudo de la obediencia: no ignore la parte que le corresponde a usted. «Elías, levántate y ve», le dijo Dios. Entonces Elías se levantó y fue. «Mujer, entra y prepara la comida», le dijo Elías. Entonces ella fue y preparó la comida. El resultado de nuestra obediencia es, a menudo, una promesa cumplida. Cuando las promesas tienen condiciones, nuestra obediencia precede a la provisión de Dios. Esté alerta contra cualquier enseñanza que lleve a la perversidad. Descansar en el Señor es una cosa; la indiferencia pasiva es algo completamente diferente.

4. La provisión de Dios es muchas veces solo lo suficiente; no deje de agradecérselo. Tal vez usted no tiene el empleo que quisiera, pero tiene que hacer un trabajo. Quizá no tiene el cargo que había planeado, pero la provisión de Dios es suficiente. Si usted dilata su gratitud hasta que todos sus sueños se vean cumplidos, puede convertirse fácilmente en un cristiano caprichoso y malhumorado, esperando tener siempre más y más. El estar satisfechos y agradecidos es una virtud muy necesaria hoy en esta cultura del consumismo.

Tan pronto como el Señor ve Su imagen en usted, el horno se enfría y usted está preparado para la siguiente serie de acontecimientos que Él ha planeado para usted.

El Hijo de Dios, nuestro Salvador, se enfrentó a la máxima prueba, el fuego más ardiente, cuando fue a la cruz. Él no luchó contra la voluntad de Dios, sino que la aceptó. Él dijo: «¡Heme aquí para hacer tu voluntad!» (Hebreos 10:9). ¿No estamos agradecidos de que Él no haya tirado la toalla, de que no haya retrocedido? Él se mantuvo firme hasta el fin. ¡Es por eso que nos regocijamos por Su obra cumplida en el Calvario!

Adaptado del libro por Charles R. Swindoll, Elías: Un hombre de heroísmo y humildad (Editorial Mundo Hispano, El Paso, TX, 2002), 68-70. Copyright © 2000 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Acerca del Autor

Charles R. Swindoll

Conocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una...