¿Quién escribió el libro?

El libro de Jonás, escrito principalmente en tercera persona, no nombra de manera explícita al profeta como el autor de su propio relato, pero no tenemos ninguna razón para dudar de la inspiración, o de la veracidad histórica del libro. Identificado en Jonás 1:1 como hijo de Amitai, el profeta Jonás era de un pueblo llamado Gat-hefer, que estaba cerca de Nazaret, en el área que posteriormente llegó a ser conocida como Galilea (2 Re 14:25). Esto hace que Jonás sea uno de los pocos profetas que fueron de Israel, el reino del norte.

¿Dónde nos encontramos?

Durante los años en que Jonás fue profeta, Israel se destacaba entre las naciones en cuanto a lo político, pero las cosas se hallaban inestables en cuanto a lo espiritual. El reinado de Jeroboam II (793–753 a. C.), un rey malvado, vio la expansión de las fronteras de Israel hasta su extensión más grande desde la época de Salomón. La prosperidad creciente dio lugar a una cultura materialista que prosperaba a base de la injusticia hacia los pobres y oprimidos, y esto fue lo que inspiró uno de los mensajes clave de Amós, uno de los contemporáneos proféticos de Jonás.

Sin embargo, en lugar de instruir a Jonás a profetizar a su propio pueblo, Dios lo comisionó para que fuera a Nínive, una ciudad asiria. Al principio, Jonás no estaba dispuesto a hacer el viaje hacia el nororiente para entregar el mensaje de Dios, por lo que se fue en dirección contraria hacia el punto más occidental que conocía: Tarsis, probablemente ubicada en lo que es hoy España. Después de que Dios logró girar a Jonás hacia la dirección correcta, el profeta obedientemente profetizó al pueblo de Nínive en el tiempo en que Asur-dan III (772–754 a. C.) estaba en el trono de Asiria. Aunque por algún tiempo Asiria había tenido una débil condición política, para la época de Jonás su crueldad hacia los cautivos y otros indeseables era muy conocida en Israel, y eso creó una necesidad obvia para el mensaje de arrepentimiento que traía Jonás.

¿Por qué es tan importante Jonás?

El mensaje profético de Jonás a los asirios es un ejemplo del interés que tiene Dios de que todas las naciones de la tierra se alejen de su pecado y la adoración de ídolos, y que lo reconozcan como el único Dios verdadero. En el Nuevo Testamento, Jonás es uno de solo tres profetas escritores a quienes Jesús mencionó por nombre durante Su ministerio terrenal (los otros son Isaías y Daniel). Además, Jonás recibió más que una simple mención. De hecho, Jesús se identificó con la jornada de tres días que tuvo el profeta en el vientre del gran pez, haciendo referencia a eso como un presagio de Su propia muerte, cuando pasaría tres días «en el corazón de la tierra» antes de Su resurrección (véase Mt 12:39-41). La identificación de Jesús con Jonás, precisamente en el punto más bajo de la vida del profeta, hace eco con el libro de Hebreos cuando dice que «era necesario que en todo sentido él [Jesús] se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos, para que fuera nuestro Sumo Sacerdote y fiel y misericordioso, delante de Dios» (Hb 2:17). El libro de Jonás se mantiene como un vínculo importante en la cadena profética, dando a los lectores una imagen de la muerte y resurrección de Cristo, cientos de años antes de que estos acontecimientos ocurrieran.

¿Cuál es la idea principal?

Aunque había recibido el llamado de Dios, Jonás no pudo ver más allá de su propio deseo egoísta de que el castigo divino cayera sobre los asirios (Jon 4:3). ¿Cómo podía Dios decirle que llevara el mensaje de juicio al pueblo, y luego simplemente tener misericordia de ellos cuando se arrepintieran? Antes de que Jonás pudiera transmitir su mensaje, tenía que ser quebrantado. Tenía que aprender algo acerca de la misericordia del Señor. A través de su huida a Tarsis, de su lanzamiento por la borda, de su tiempo dentro del gran pez, y la lección práctica de la vid y el gusano, la vida de Jonás demuestra, de una manera poderosa, que la salvación viene del Señor (Jon 2:9) y que, debido al poder supremo de Dios, solamente Él decide dónde derramar Su salvación y Su misericordia.

¿Cómo aplico esto?

¿Te has encontrado alguna vez peleando contra Dios, cuando tus deseos te jalan para un lado y los deseos de Dios te jalan hacia otro? Jonás se encontró en esa misma condición, pero por un tiempo sus deseos ganaron a los de Dios, o eso era lo que él creía. Como lo vemos con frecuencia en nuestras vidas, Dios cumplió Sus propósitos a través de Jonás aun cuando eso implicó aplicarle una fuerte dosis de humildad a un corazón orgulloso y renuente.

Si bien al final Jonás obedeció a Dios y proclamó Su mensaje, su historia no termina allí. Jonás profetizó a Nínive, pero no sentía alegría al hacerlo (Jon 4:1). Aquí encontramos otra lección para nuestras vidas: alinear nuestros deseos con los de Dios siempre es un proceso. El hecho de que cumplamos externamente la voluntad de Dios no quiere decir que nuestros corazones estén alineados con el Suyo. Dios deseaba las acciones y el corazón de Jonás. Él desea los nuestros también.

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