Nota del Pastor Carlos

Enfrentando el Temor

1 de Septiembre, 2017

Del corazón del pastor

¡Qué gran monstruo es el temor! Sus garras afiladas, destilan la sangre de lo desconocido. Su voz es penetrante y nos lanza palabras destructivas de preocupación. La mayoría de sus conversaciones comienzan con el susurro: "Qué pasaría si…" y terminan con un fuerte grito de: "Lo vas a lamentar". Un soplido de su horrible aliento convierte a los santos en ateos, cuando el temor revierte nuestra forma de pensar. Su mordida transfiere un veneno paralizante para su víctima, y no pasa mucho tiempo antes que la duda opaque nuestra visión. Una vez que estamos en el suelo, el temor restriega su pesado pie en nuestro rostro y se ríe de nuestra condición incapacitada mientras prepara el siguiente ataque.

El temor. ¿Alguna vez se ha enfrentado con esta bestia? Seguramente. Viene en toda clase de tamaños y formas.

Temor al fracaso. Temor a la gente. Temor a la enfermedad y a la muerte. Temor al rechazo. Temor al desempleo. Temor a lo que otros digan sobre usted. Temor de mudarse. Temor a la altura, a la profundidad o la distancia. Temor a confiar en los demás. Temor a ser usted mismo. Temor a comprar. Temor a vender. Temor a los fiascos financieros. Temor a la oscuridad. Temor a la guerra. Temor al fracaso de un negocio. En cualquier esquina imaginable el temor se encuentra entre las sombras, intentando envenenar nuestra paz interna y nuestra actitud externa.

El Salmo 23 de David le habla directamente al temeroso. Mediante trazos grandes de su pluma, el pastor convierte nuestros huesos en acero. David se enfrenta a temor con una sencilla declaración: "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo" (Salmos 23:4).

¡Oh, cuanto necesito apropiarme de esta verdad en momentos de temor! Quizás usted también.

Carlos A. Zazueta

Carlos A. Zazueta

Cuando se atraviesa tiempos difíciles