Todos siguen a alguien.

Aun los líderes que más admiramos caminan tras las huellas de otra persona.
La cuestión no es si vamos a seguir a alguien, porque todos lo hacemos. La pregunta es: ¿a quién?

Anhelamos seguir a alguien que nos guíe por el camino correcto.
Somos como ovejas, buscamos a un pastor que de verdad se interese y sepa qué es lo mejor para nosotros. Pero voces que aseguran tener todas las respuestas nos llaman desde todas las direcciones. ¿A cuál de ellas seguimos?

Cuando Israel siguió a líderes espirituales que los maltrataban, el corazón del Señor se quebrantó. «Perdieron su rumbo y no recuerdan cómo regresar al redil», se lamentó (Jeremías 50:6).

Así que Dios se ofreció a sí mismo como el «Pastor de Israel» (Salmo 80:1). «¡Sí, el Señor Soberano viene!», profetizó Isaías.

Alimentará su rebaño como un pastor;

llevará en sus brazos los corderos

y los mantendrá cerca de su corazón.

Guiará con delicadeza a las ovejas con crías (Isaías 40:10–11).

Jesús cumplió esa promesa.

Jesús, el Buen Pastor

«Yo soy el buen pastor», declaró Jesús (Juan 10:11). Jesús estaba haciendo algo más que una simple comparación. Estaba afirmando ser el «Pastor de Israel», Aquel tan esperado que guiaría con ternura a Su pueblo y lo llevaría en Sus brazos.

Los líderes espirituales en tiempos de Jesús no eran buenos pastores. Eran más bien como «asalariados», dijo Jesús. Ante la primera señal de los colmillos descubiertos de un lobo, el cuidador contratado sale corriendo porque trabaja «solo por el dinero» y, en realidad, «no le importan las ovejas», dijo Jesús (10:12–13).

En su libro El Salmo 23: En las manos del buen pastor, Phillip Keller describe los problemas que puede causar un pastor indiferente.

El arrendatario que cuidaba ovejas en la finca contigua a mi primer rancho era el administrador más negligente que jamás haya conocido. No le importaba el estado de sus ovejas. Sus tierras estaban descuidadas. Dedicaba poco o nada de tiempo a su rebaño, las dejaba prácticamente buscar su propio alimento lo mejor que pudieran, tanto en verano como en invierno. Eran presa de perros, pumas y cuatreros. . .

Ante todo su sufrimiento, el dueño desalmado y egoísta parecía completamente insensible e indiferente. Simplemente no le importaban.1

¿Por qué habría de importarle? Sus ovejas estaban destinadas al matadero.

Jesús, en cambio, ama a cada oveja. «Conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí», dijo (10:14). Nos busca cuando nos desviamos. En medio de nuestras tormentas, permanece firme e incansable mientras vela por nosotros. Cuando los lobos gruñen, Él los enfrenta. Tan grande es Su amor que, de buena gana, «da su vida en sacrificio por las ovejas» (10:11).

Cuando la humanidad estaba destinada al matadero, la bondad de nuestro Pastor se mostró en toda su plenitud. En la cruz, el mismo Pastor se convirtió en nuestro cordero de sacrificio.

Tu Buen Pastor de verdad se interesa por ti. ¡Él conoce tu nombre! Te ama tanto que sale a buscarte cuando pierdes el rumbo y entrega Su vida a cambio de la tuya.

Jesús, el Gran Pastor

Pero nuestro Pastor hizo más que dar Su vida por nosotros.

Y ahora, que el Dios de paz

—quien levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús,

el gran Pastor de las ovejas,

y que ratificó un pacto eterno con su sangre (Hebreos 13:20).

¡Jesús resucitó de la tumba! El Buen Pastor se convirtió en el Gran Pastor. Solo un gran pastor puede derrotar a nuestro mayor enemigo: la muerte.

¿Estás enfrentando lo desconocido, sin saber lo que el futuro te depara? Si tu Pastor pudo vencer la tumba, Él puede guiarte a través de cualquier dificultad. ¡Nadie es más grande que Él!

Jesús, el Pastor Supremo

El amor de Jesús como el Buen Pastor y el poder de Jesús como el Gran Pastor lo califican para ser el Pastor Supremo.

Supremo significa «de más alto rango». Jesús ocupa el lugar más alto. Él es superior. Nadie está por encima de Él, y todos los demás pastores levantan la mirada hacia Él.

Antes de que Jesús ascendiera al cielo, le dijo a Pedro: «Cuida mis ovejas» (Juan 21:16). A partir de entonces, Pedro pastoró a la iglesia primitiva tal como Jesús lo había pastoreado a él, y enseñó a sus compañeros pastores a hacer lo mismo.

Cuiden del rebaño que Dios les ha encomendado. Háganlo con gusto, no de mala gana ni por el beneficio personal que puedan obtener de ello, sino porque están deseosos de servir a Dios. No abusen de la autoridad que tienen sobre los que están a su cargo, sino guíenlos con su buen ejemplo. Así, cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos (1 Pedro 5:2–4).

Tu Pastor ve el trabajo que haces para Él en Su nombre y tiene una recompensa esperándote. Solo hay un Pastor Supremo. Jesús es el mejor modelo de liderazgo y el único pastor que vale la pena seguir.

Sigue a Jesús como tu Pastor

Son muchas las voces que claman: «¡Ven, sígueme!». ¿A cuál voz seguirás? Recuerda. . .

  • Nadie es tan bueno como Jesús. Solo Él conoce tu nombre y te ama lo suficiente como para entregarse por ti.
  • Nadie es tan grande como Jesús. Él venció a la muerte, tu mayor enemigo, y puede guiarte a través de cualquier tiempo oscuro.
  • Nadie puede ser el supremo como Jesús. Él es la cabeza de la iglesia, el líder de líderes y el único digno de tu devoción.

Sigue a Jesús como tu pastor. Nunca te perderás mientras lo sigas a Él.

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EJEMPLO PRÁCTICO

Sigue a Jesús como tu Pastor: Un plan de lectura bíblica de 30 días para permanecer cerca de Jesús

Medita en estos treinta pasajes bíblicos, uno por día, para ayudarte a seguir a Jesús. Escucha la voz de Jesús y síguelo como. . .

 

Tu Buen Pastor

Se preocupa por ti. Mateo 6:25–33
Tiene compasión de ti. Mateo 9:35–38
Te valora. Mateo 12:9–13
Arriesga Su vida para encontrarte. Mateo 18:12–14
Se regocija por ti. Lucas 15:1–7
Carga con tu pecado y guarda tu alma. 1 Pedro 2:21–25
Te mantiene cerca. Isaías 40:9–11
Te trae de vuelta al hogar. Ezequiel 34:11–16
Provee todo lo que necesitas. Salmo 23:1–3
Permanece cerca y te colma de amor. Salmo 23:4–6

Tu Gran Pastor

Asegura tu salvación. Romanos 10:9–13
Es tu Señor. Romanos 14:7–9
Garantiza tu resurrección. 1 Corintios 15:20–23
Te dará un cuerpo inmortal. 1 Corintios 15:50–53
Ganó tu victoria sobre la muerte. 1 Corintios 15:54–58
Te dio vida. Efesios 2:4–7
Te rescata. Colosenses 1:11–14
Te presenta ante Dios sin mancha. Colosenses 1:21–22
Te levanta a una nueva vida. Colosenses 3:1–4
Te da un nuevo nacimiento. Tito 3:4–6

Tu Pastor Supremo

Es el Mesías. Mateo 16:13–20
Está sobre todas las cosas. Efesios 1:19–23
Es cabeza de la iglesia, Su cuerpo. Efesios 4:14–16
Es tu modelo de amor. Efesios 5:1–2
Es Señor. Filipenses 2:6–11
Es supremo. Colosenses 1:15–17
Es primero en todo. Colosenses 1:17–20
Es tu Sumo Sacerdote. Hebreos 4:14–16
Es tu Pastor. Apocalipsis 7:15–17
Volverá como Rey de reyes. Apocalipsis 19:11–16