Daniel 4:34

¿Cómo cambiaría tu forma de adorar si recordaras de dónde te sacó Dios?

Cuando Nabucodonosor recupera la razón, lo primero que hace es adorar: «Bendije al Altísimo, alabé y glorifiqué al que vive para siempre» (Daniel 4:34). Ya no habla de «mi poder» ni de «mi majestad»; su vocabulario cambió. Ahora sus frases giran en torno a la grandeza de Dios.

La verdadera alabanza nace de corazones que recuerdan. Cuando olvidas la profundidad de tu necesidad y la grandeza de la gracia que te alcanzó, tus cantos se vuelven rutina, tus «gracias, Señor» se hacen superficiales. Pero cuando traes a la memoria tus orgullos, tus fracasos, tus rescates, la adoración se vuelve respuesta, no solo actividad dominical.

Te hará bien, de vez en cuando, escribir tu propio «Daniel 4»: una página donde narres cómo Dios te humilló, te buscó, te restauró. Y luego, desde ahí, alzar tu voz en alabanza. No por inercia, sino por memoria.

La alabanza más profunda no nace de la costumbre, sino del recuerdo agradecido de un corazón que sabe cuánto necesitaba la gracia de Dios.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.