Daniel 4:37

Después de estas semanas en Daniel 4, ¿qué ha cambiado en tu visión de Dios… y de ti mismo?

Hemos caminado junto a un rey pagano que fue humillado y restaurado; hemos visto un Dios paciente y severo, que advierte, espera, disciplina y vuelve a levantar. Hemos escuchado frases que deberían quedarse grabadas en el alma: «El Altísimo domina…», «Su reino es eterno…», «Él puede humillar a los que caminan con soberbia».

La pregunta ahora no es si entendiste la historia, sino qué vas a hacer con ella. ¿Seguirás construyendo tu pequeña Babilonia, buscando tu propia gloria, ignorando advertencias, minimizando a los «Danieles» que Dios usa? ¿O dejarás que esta palabra te mueva a una rendición más profunda?

Quizá hoy sea buen día para una oración sencilla, pero decisiva: «Señor, Tú eres el Rey, yo no. Si hay algo en mi vida que se ha vuelto trono falso, muéstralo y derríbalo. No quiero que tengas que talar el árbol entero; enséñame a arrepentirme antes».

Que al cerrar este mes puedas decir, con Nabucodonosor: «Ahora yo… alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo» (Daniel 4:37). Y que esa declaración no sea solo un versículo, sino una postura diaria.

El mejor cierre de mes no es tener todo bajo control, sino terminar de rodillas, confesando con paz: «Solo Tú eres el Rey, y eso es suficiente para mí».

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.