Daniel 6
¿Por qué la verdadera pureza siempre produce paz?
Daniel no toleraba ni el menor rastro de hipocresía. No tenía nada que esconder. Vivía consciente de que existe un Dios al que rinde cuentas. Y al fijar sus ojos en ese Dios verdadero, fue creciendo en semejanza a Él, en piedad. La pureza no era para él una imposición externa, sino una respuesta interna a la presencia de Dios.
Hay una diferencia abismal entre la moralidad por miedo y la pureza por amor. La moralidad por miedo dice: «no hago esto porque me podrían descubrir». La pureza por amor dice: «no hago esto porque amo a Aquel que me ama». La primera vive con tensión constante; la segunda vive con paz profunda.
David lo expresó así: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro» (Salmo 24:3-4, NBLA). Las manos limpias —lo que hacemos— y el corazón puro —lo que somos por dentro— van de la mano. Es la pureza integral.
¿Por qué Daniel podía dormir en paz incluso bajo amenaza de muerte? Porque su conciencia estaba limpia. Cuando vives con pureza, las acusaciones falsas se disuelven contra el muro de tu integridad real. No hay nada que defender porque no hay nada que ocultar. Hay una libertad inmensa en eso. Pruébalo. Cuando vivas sin nada escondido, descubrirás un descanso interior que ningún placer secreto podría darte.
La pureza es liberadora; cuando no escondes nada, no tienes nada que defender.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

