Daniel 6:8

¿Qué decretos has firmado en tu vida que después quisieras poder cambiar?

«Ahora, oh rey, promulga el edicto y firma el documento para que no pueda ser modificado, conforme a la ley de los medos y persas, que no puede ser revocada» (Daniel 6:8, NBLA). Aquí está la peculiaridad del imperio medo-persa: una vez firmada una ley, ni siquiera el rey podía cambiarla. La estabilidad jurídica era admirable; la inflexibilidad era trágica.

Los conspiradores conocían esa peculiaridad y la usaron. Sabían que, una vez firmado, el decreto sería irreversible. Darío podría arrepentirse, pero no podría retroceder. La trampa estaba diseñada para ser irreversible.

Es una imagen aterradora de cómo funciona el pecado. Cada decisión que tomamos firma un decreto. Algunos decretos son fáciles de revertir; otros, no. Hay palabras dichas que, una vez pronunciadas, no se pueden retirar. Hay decisiones tomadas que, una vez ejecutadas, marcan para siempre. Hay caminos elegidos que, una vez emprendidos, cambian el destino.

Por eso la Biblia nos advierte tanto sobre la precaución antes de actuar. «Sus pensamientos son tendidos como lazos en el camino del impío» (cf. Salmo 38). «Mas el necio se obstina y confía en sí mismo» (Proverbios 14:16). El necio firma rápido, sin pensar; el sabio considera las consecuencias antes de decidir. Hay decretos en tu vida que solo Dios puede revertir. Pero hay otros que aún no has firmado. Dile a Dios: «Antes de firmar nada hoy, dame Tu sabiduría». Esa oración puede salvarte décadas de arrepentimiento.

Algunas decisiones son irreversibles; antes de firmar una ley en tu vida, pasa más tiempo en oración del que crees necesitar.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.