Daniel 6
¿Esperas que las personas reconozcan tu valor cuando lo merezcas?
Una de las lecciones prácticas más sobrias del capítulo de Daniel es esta: rara vez recibimos de la gente lo que merecemos, así que no lo esperes. Cuando genuinamente merecemos honor, nuestro valor rara vez será notado. Y cuando genuinamente merecemos crítica, casi nunca recibiremos la confrontación que necesitamos.
Daniel merecía ascenso, no condena. Era el funcionario más íntegro del imperio. Pero recibió conspiración. Jesús merecía adoración, no muerte. Era el Mesías prometido. Pero recibió una cruz. Pablo merecía gratitud, no encarcelamiento. Era apóstol fiel. Pero recibió cadenas. La historia bíblica es consistente: el justo casi nunca recibe lo que merece de manos humanas.
Esto es liberador, aunque no parezca. Si dejas de esperar que la gente te dé lo que mereces, dejas de vivir frustrado. La frustración nace de expectativas no cumplidas. Cuando aprendes a no esperar reconocimiento humano, dejas de medir tu valor por aplausos humanos. Y cuando tu valor no depende de los aplausos, los desprecios pierden el poder de derribarte. Los elogios y las críticas comienzan a ser información sobre el otro, no sentencias sobre ti. Esa es la libertad interior que Daniel respiraba en medio del foso.
Pablo lo entendió así: «Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven» (Colosenses 3:23-24, NBLA). Trabaja para Dios, no para los hombres. Cuando lo haces, los aplausos humanos se vuelven bonus, no necesidades. Y los desprecios humanos se vuelven sufrimientos pasajeros, no destrucciones definitivas.
Si esperas reconocimiento humano por tu fidelidad, vivirás frustrado; busca tu recompensa donde nunca falta: en Dios.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

