Daniel 6

¿Qué de tu vida sobrevivirá los siglos?

Babilonia ya no existe. Medo-Persia ya no existe. Los grandes reyes de Daniel —Nabucodonosor, Belsasar, Darío, Ciro— son nombres en libros de historia, ruinas en museos. Sus palacios fueron polvo. Sus ejércitos fueron derrotados. Sus monedas se descomponen en cuevas arqueológicas. Pero la historia de Daniel sigue siendo leída, predicada, citada y transformando vidas dos mil quinientos años después.

Esto debe enseñarnos algo profundo sobre lo que perdura. Los imperios se construyen con piedra y se derrumban con el tiempo. Los testimonios fieles se construyen con vida cotidiana y resisten los milenios. Lo que parecía pequeño —un anciano arrodillándose tres veces al día con las ventanas abiertas— resultó ser más eterno que el imperio que lo rodeaba.

Jesús lo enseñó así: «No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban» (Mateo 6:19-20, NBLA).

¿Qué estás acumulando? Si tu vida se mide en lo que es susceptible a la polilla y a la herrumbre —títulos, propiedades, reputación profesional, ahorros— estás construyendo un imperio que se derrumbará. Pero si vives con la integridad de Daniel, depositando fidelidad cotidiana en el banco celestial, estás construyendo un testimonio que sobrevivirá los siglos. Y, lo que es más importante, te recibirá en la eternidad como tesoro que no se desvanece.

Los imperios caen, los testimonios fieles permanecen; invierte en lo que perdura más allá de los siglos.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.