Daniel 6

¿Y si la prueba de hoy fuera el entrenamiento para la de mañana?

Dios no improvisa con Sus hijos. Cuando Daniel desciende al foso, tiene más de ochenta años. Detrás de él hay toda una vida de exámenes aprobados: el menú del rey en su adolescencia, el horno de fuego que vieron sus amigos, los sueños peligrosos de Nabucodonosor, la escritura en la pared frente a Belsasar. Cada prueba fue preparándolo para la siguiente. El foso de los leones no fue la primera crisis de Daniel; fue la última de una larga escuela.

Dios no nos arroja todo de golpe. Nos prepara, nos nutre, nos templa, hasta que llegan las pruebas mayores y podemos enfrentarlas. Lo que parecía una dificultad aislada era, en realidad, parte de un plan de formación.

Esto cambia la manera de mirar tus batallas presentes. Esa dificultad económica, ese diagnóstico, ese conflicto que hoy te quita el sueño no es un accidente sin sentido. En las manos de Dios, es también entrenamiento. Moisés pastoreó ovejas cuarenta años antes de pastorear a un pueblo. David enfrentó al león y al oso antes de enfrentar a Goliat. Y él mismo lo sabía: «El Señor, que me libró de las garras del león y de las garras del oso, me librará de la mano de este filisteo» (1 Samuel 17:37, NBLA).

La fidelidad en lo pequeño de hoy es el fundamento de la firmeza en lo grande de mañana. Nadie se vuelve un Daniel de la noche a la mañana; se llega al foso con décadas de confianza acumulada.

No desprecies, entonces, la prueba presente. Dios está construyendo en ti algo que todavía no puedes ver.

Dios nunca desperdicia una prueba: cada una es un peldaño que te prepara para confiar más profundamente mañana.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.