Daniel 6:20

¿Te has atrevido a preguntarle a Dios lo que de verdad te inquieta?

Al llegar al foso, el rey «gritó a Daniel con voz angustiada» (Daniel 6:20, NBLA). Y su pregunta atravesó la piedra: «Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones?».

¿Te ha podido librar? Esa es la pregunta más honesta del capítulo. Es la pregunta que muchos creyentes tienen atragantada y no se atreven a pronunciar en voz alta: ¿puede Dios? ¿Pudo con esto? ¿Le alcanzó el poder para mi caso? La hacemos en la sala de espera del hospital, frente al estado de cuenta, junto a la cama vacía. Nos da vergüenza admitirlo, como si dudar en voz alta fuera traición.

Pero mira lo que hizo Darío: llevó su duda hasta el foso. No se quedó en el palacio especulando; fue a preguntarle a la realidad. Su pregunta era angustiada, imperfecta, medio incrédula… y obtuvo respuesta. La fe frágil que se acerca vale más que el escepticismo cómodo que se queda lejos. El padre que clamó «creo; ayúdame en mi incredulidad» (Marcos 9:24, NBLA) recibió el milagro completo, no la mitad.

Dios no se ofende con las preguntas sinceras. Los Salmos están llenos de ellas: ¿hasta cuándo, Señor? ¿Por qué te escondes? ¿Ha olvidado Dios tener misericordia? El Señor las incluyó en Su propio libro de cantos, como diciendo: pueden traerme esto también.

Lo peligroso no es preguntar; es dejar de acercarse. Lleva hoy tu pregunta más difícil al borde del foso. Grítala si hace falta, con voz angustiada si es la que tienes. La respuesta de Dios no le teme a tu duda.

Dios prefiere una duda que corre hacia Él antes que una fe de palabras que se queda en el palacio.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.