Daniel 6:20

¿Qué se siente en el silencio entre la pregunta y la respuesta?

Hay un instante en esta historia que casi podemos oír: el silencio después del grito del rey. Darío pregunta con voz angustiada: «¿Te ha podido librar de los leones?» (Daniel 6:20, NBLA)… y por un momento, nada. El eco de su propia voz bajando por la abertura del foso. Un segundo, dos, tres. El corazón del rey suspendido entre la esperanza y el terror, esperando saber si del otro lado hay vida o silencio.

Cualquier sonido habría bastado; un simple quejido habría sido música. Todo el que ha esperado una respuesta conoce ese intervalo: los segundos eternos mientras el médico revisa los resultados, los días entre la entrevista y la llamada, las semanas de una oración que aún no recibe contestación. El espacio entre la pregunta y la respuesta es el territorio donde la fe se prueba de verdad.

Porque es allí, en la espera, donde decidimos quién creemos que es Dios. Si el silencio se alarga, ¿concluiremos que no hay nadie en el foso? El salmista aprendió otra postura: «Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza. Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana» (Salmos 130:5-6, NBLA). Los centinelas no dudan de que amanecerá; su espera es expectante, no desesperada.

La respuesta a Darío llegó: una voz subió desde la oscuridad. Y las respuestas de Dios para ti también vienen en camino, aunque el intervalo se sienta eterno. Algunas llegarán esta semana; otras, como las de tantos santos, se responderán plenamente en la eternidad. Pero ninguna oración lanzada al foso de la fe cae en el vacío.

Espera como centinela: con los ojos fijos donde sabes que saldrá el sol.

Entre tu pregunta y la respuesta de Dios siempre hay un intervalo; la fe es lo que haces mientras dura ese tiempo.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.