Daniel 6:24

¿Qué respondes cuando alguien explica tu milagro con razones «naturales»?

Desde la antigüedad, los escépticos han intentado darle una explicación lógica a los milagros de Dios. En el capítulo 6 del libro de Daniel, la teoría favorita de muchos críticos ha sido casi ingenua: los leones no atacaron a Daniel porque no tenían hambre. Así de simple. Una noche de «inapetencia felina» providencial.

El versículo 24 desarma esa teoría con crudeza. Cuando los conspiradores fueron arrojados al mismo foso, «no habían llegado aún al fondo del foso cuando ya los leones se habían apoderado de ellos y triturado todos sus huesos» (Daniel 6:24, NBLA). Los mismos leones. El mismo foso. Apenas unas horas después. Como comenta Swindoll, el texto habla por sí solo, no necesita explicación adicional. Aquellas fieras estaban hambrientas y letales; la única diferencia entre una noche y la otra fue la mano de Dios.

Este patrón se repite en cada obra de Dios: siempre habrá quien prefiera cualquier explicación antes que admitir lo sobrenatural. Al ciego sanado le dijeron que quizá ni siquiera era la misma persona (Juan 9:9). Frente a la tumba vacía, pagaron a los soldados para que dijeran que los discípulos robaron el cuerpo (Mateo 28:12-13). El corazón que no quiere creer siempre encuentra una teoría alternativa.

No te sorprendas, entonces, si algunos minimizan lo que Dios ha hecho en tu vida: «tuviste suerte», «era cuestión de tiempo», «los médicos hicieron bien su trabajo». No necesitas ganar cada discusión. El testimonio no consiste en obligar a otros a rendirse ante la evidencia, sino en contar con humildad lo que sabes de primera mano: «una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo» (Juan 9:25).

Dios no necesita abogados defensores nerviosos. Sus hechos, como los leones del versículo 24, hablan por sí solos.

El escéptico siempre tendrá una teoría, pero tu testimonio no existe para ganar debates, sino para decir con fidelidad lo que Dios hizo.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.