Daniel 6:27

¿Has perdido la capacidad de asombrarte ante lo que Dios hace?

Darío proclama que el Dios de Daniel «hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra» (Daniel 6:27, NBLA). Un hombre curtido por el poder, que lo había visto todo en los palacios del mundo, termina hablando como un niño deslumbrado. Una sola noche frente al poder de Dios le devolvió lo que el cinismo de la corte le había quitado: la capacidad de asombro.

Esa capacidad es más frágil de lo que pensamos, y más preciosa. El asombro se atrofia con la rutina: la salida del sol se vuelve trámite, la salud se vuelve derecho, el perdón de Dios se vuelve costumbre, la Palabra se vuelve texto repetido. G. K. Chesterton escribió que el mundo no perecerá por falta de maravillas, sino por falta de asombro. No es que las maravillas desaparezcan; es que dejamos de percibirlas.

Los cielos siguen contando «la gloria de Dios» (Salmos 19:1, NBLA) exactamente igual que en tiempos de David; la diferencia está en quién levanta la vista. Cada primavera es una señal. Cada niño que nace, una maravilla. Cada pecador que se convierte, un milagro mayor que el del foso, porque cerrar bocas de leones es poca cosa comparado con abrir corazones de piedra. Si el tuyo fue abierto, eres evidencia caminante de que Dios sigue haciendo señales en la tierra.

Recupera hoy la mirada de Darío. Haz una pausa deliberada: repasa tu semana buscando huellas de Dios, como quien busca conchas en la arena. Nombra tres. Agradécelas en voz alta. El asombro se rehabilita practicándolo, y el corazón que se asombra es un corazón difícil de amargar.

Las maravillas de Dios no han escaseado; lo que escasea es la mirada que se detiene a verlas y el corazón que se asombra.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.