Daniel 7:3

¿Cómo ve Dios a los imperios que a nosotros nos parecen invencibles?

Del mar agitado, Daniel ve subir «cuatro grandes bestias, diferentes unas de otras» (Daniel 7:3, NBLA). Un león con alas de águila. Un oso devorador. Un leopardo de cuatro cabezas. Y una cuarta bestia espantosa, distinta de todas. Esta visión corresponde al mismo mensaje del sueño de la estatua del capítulo 2: se trata de los mismos cuatro imperios —Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma— pero vistos desde otro ángulo.

Y el cambio de ángulo es todo un sermón. Cuando Nabucodonosor soñó los imperios, los vio como una estatua deslumbrante de oro, plata y bronce: así ve el ser humano sus propios poderes, como un monumento espléndido. Cuando Dios le muestra esos mismos imperios a Su profeta, los presenta como fieras salvajes que suben de un mar oscuro: depredadores que devoran y pisotean. La gloria humana, vista desde el cielo, tiene garras.

La historia confirmó la visión con una precisión asombrosa: cada imperio se levantó, devoró y cayó exactamente en el orden anunciado. Lo que a sus contemporáneos les parecía eterno e invencible, para Dios eran solo actos de una obra cuyo final Él ya había escrito. Siglos antes de que Grecia existiera como potencia, su ascenso y su caída ya estaban en el libreto.

¿Por qué importa esto un miércoles cualquiera de tu vida? Porque tú también vives bajo poderes que parecen invencibles: sistemas injustos, potencias mundiales en pugna, estructuras que aplastan al pequeño. La visión de Daniel te ofrece los lentes del cielo: todo poder depredador tiene fecha de caducidad decretada. Ninguna bestia es eterna. Ningún imperio del mal, grande o doméstico, escapa al calendario de Dios.

Las bestias suben del mar… y del mar volverán a bajar. El trono, en cambio, permanece.

Los poderes de este mundo parecen invencibles desde abajo, pero desde el trono de Dios son actos contados de una obra que Él ya escribió.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.