Daniel 7:10

¿Vives como quien sabe que nada se pierde en el olvido?

La escena del tribunal celestial culmina con un detalle solemne: «El tribunal se sentó, y los libros fueron abiertos» (Daniel 7:10, NBLA). Ante el Anciano de Días, millones de millones le sirven… y hay registros. En el cielo se lleva memoria exacta. Nada de lo que la cuarta bestia hizo, nada de lo que el cuerno arrogante habló, se perdió en el archivo. Cuando llegó la hora del juicio, no hubo que reconstruir los hechos: ya estaban escritos.

Esta imagen responde a uno de los dolores más antiguos del ser humano: la sensación de que el mal queda impune porque el mundo olvida. Los poderosos cuentan con nuestra mala memoria; los abusos prescriben, los escándalos se tapan con el siguiente escándalo. Pero hay una contabilidad que no prescribe. «Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo» (Eclesiastés 12:14, NBLA). Lo que la tierra barre debajo de la alfombra, el cielo lo guarda en el expediente.

Y la misma memoria divina que registra el mal registra también lo que nadie aplaudió. «Dios no es injusto como para olvidarse de la obra de ustedes y del amor que han mostrado hacia Su nombre» (Hebreos 6:10, NBLA). El vaso de agua dado en Su nombre, la fidelidad anónima, las renuncias secretas, las oraciones en la madrugada, las lágrimas derramadas a solas, todo consta: «pon mis lágrimas en Tu redoma; ¿acaso no están en Tu libro?» (Salmos 56:8, NBLA). Delante de Dios no hay gesto fiel que se pierda en el olvido.

Pero los libros plantean una pregunta ineludible: ¿qué hay escrito de mí? Aquí el evangelio pronuncia su palabra más dulce. La Biblia habla de otros registros, y menciona «el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27). Es la lista de aquellos que pertenecen a Cristo. Para los que están en Él, las páginas de culpa fueron saldadas en la cruz: lo que nos condenaba fue clavado junto con Jesús. El veredicto que nos correspondía cayó sobre Él, y nuestro nombre quedó escrito con tinta indeleble en Su libro.

Vive hoy con la sobriedad de saber que nada se pierde y, al mismo tiempo, con la libertad de quien ya conoce su veredicto en Cristo.

Nada se pierde en el olvido: Dios tiene registro del mal, tiene registro de tu fidelidad y, si estás en Jesús, también tiene tu nombre escrito en el libro de la vida.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.