Daniel 7:15-16; 28

¿Qué haces cuando lo que Dios revela te deja más preguntas que respuestas?

Uno esperaría que Daniel terminara su visión dando saltos de alegría: acababa de ver el triunfo final del reino de Dios. Pero el texto es sorprendentemente honesto: «A mí, Daniel, mi espíritu se me angustió dentro de mí, y las visiones de mi mente seguían turbándome» (Daniel 7:15, NBLA). Y el capítulo cierra igual: «Mis pensamientos seguían turbándome mucho y mi rostro palideció, pero guardé el asunto en mi corazón» (Daniel 7:28, NBLA).

Aquí hay un realismo espiritual que necesitamos. El hombre más íntegro del libro, el veterano del foso, sale de un encuentro con la revelación divina pálido y turbado. Conocer la verdad de Dios no siempre produce paz instantánea; a veces produce un santo desconcierto. La visión era demasiado grande, hablaba de sufrimientos futuros del pueblo de Dios, dejaba preguntas abiertas. Y Daniel no fingió lo contrario: reconocer que estaba perturbado también fue parte de su fe.

Fíjate en lo que hizo con su turbación. Primero, preguntó: «Me acerqué a uno de los que estaban allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca de todo esto» (Daniel 7:16, NBLA). La perplejidad que se acerca a Dios y pregunta es fe en movimiento, no incredulidad. Segundo, «guardé el asunto en mi corazón» (Daniel 7:28): no lo descartó por incómodo ni lo forzó a encajar en explicaciones rápidas. Lo dejó reposar en la presencia de Dios, como María haría siglos después con cosas que tampoco entendía (Lucas 2:19).

Hay verdades de Dios, y situaciones que Dios permite, que primero inquietan y solo después consuelan. Es normal que ciertas porciones de la Biblia —especialmente las proféticas o apocalípticas— nos dejen pensando, incluso algo revueltos. No te avergüences de salir pensativo de la Palabra o de una prueba difícil. Lo importante no es no sentir turbación, sino qué haces con ella.

Cuando la verdad de Dios te deje con más preguntas que respuestas, haz lo mismo que Daniel: pregunta con reverencia, guarda con paciencia y sigue confiando en que el mismo Dios que reveló también explicará, a Su tiempo.

No temas cuando la verdad de Dios te deje pensativo: lleva tus preguntas a Él, deja que reposen en Su corazón antes de exigir respuestas en el tuyo.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.