Piense lo siguiente: ¿Son las acciones de su amigo el resultado de la indisciplina, desaliento, debilidad, o una combinación de todo eso? ¿Debería usted confrontarle o consolarle? ¿Debería su amor ser firme o tierno? Si está luchando con estas cuestiones, entonces usted realmente apreciará las palabras de Pablo a los tesalonicenses, aún y cuando estas se escribieron en el primer siglo.

