Jesús reconoció una realidad incómoda: vivimos en un mundo donde el Maligno tiene influencia. «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del mal» (Juan 17:15, NBLA). Sin embargo, Jesús nunca describió a Sus seguidores como pertenecientes al Maligno. Pueden estar en su mundo. Nunca están en su mano.
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Consecuencias duraderas
Algunos coquetean con la tentación pensando que son lo suficientemente fuertes, lo suficientemente morales, lo suficientemente sabios, lo suficientemente listos para evitar caer en ello. Pero la tentación es un camino resbaloso que lleva a la destrucción.

