Cada año nos invita a mirar atrás con nostalgia y hacia adelante con incertidumbre. El pasado está lleno de signos de exclamación—logros y errores—mientras el futuro permanece como una gran interrogante que nadie puede responder. En medio de eso, la Navidad nos recuerda que Dios irrumpió en la historia. Aquel niño en el pesebre no era solo un bebé: era Dios hecho hombre. En ese momento, lo eterno se hizo visible y Emanuel vino a estar con nosotros. Muchos piensan que la historia comenzó en Belén, pero empezó mucho antes. Entender esto cambia nuestra perspectiva: la Navidad no es solo una fecha, sino la revelación de un plan eterno que da sentido, esperanza y dirección a nuestras vidas.