La fiesta durante el asedio

La fiesta de Belsasar no era valentía; era evasión. Y la evasión nunca resuelve nada. Solo pospone el momento inevitable cuando la realidad toca a nuestra puerta, nos guste o no.

Amenazas que preferimos ignorar

Pero las amenazas no desaparecen porque las ignoremos. El ejército de Ciro no se fue a casa porque Belsasar decidió no preocuparse. A veces, la mayor señal de peligro es nuestra propia indiferencia ante él.

El trono de terciopelo

El trono de terciopelo es peligroso precisamente porque es tan cómodo. Cuando la vida fluye sin obstáculos, cuando las cuentas están pagadas y la salud es buena, cuando el ministerio prospera y la familia está estable, es fácil olvidar nuestra dependencia de Dios.

La podredumbre del árbol real

La Escritura nos advierte: «Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (1 Timoteo 6:10, NBLA). Lo mismo aplica al poder. Cuando se convierte en el valor supremo, todo lo demás se sacrifica en su altar: la familia, la integridad, incluso la vida misma.

La herencia que no se heredó

La fe no se transmite automáticamente por línea sanguínea. Los encuentros transformadores de una generación pueden convertirse en meras anécdotas para la siguiente. El altar donde tu abuelo lloró puede significar para ti tan solo un mobiliario antiguo.

Últimas palabras que importan

Las últimas palabras importan porque revelan lo que realmente valoramos. Nabucodonosor pudo haber terminado amargado por los siete años que pasó comiendo hierba como animal. En cambio, eligió la gratitud. Reconoció que aquella humillación no fue crueldad divina, sino misericordia transformadora.

Cuando Dios toca lo que creemos seguro

Daniel 4 no es solo la historia de un rey orgulloso; es un espejo. Nos confronta con una verdad incómoda: muchas veces no negamos a Dios con palabras, sino con autosuficiencia. Decimos que Él reina, pero vivimos como si todo dependiera de nosotros. Nabucodonosor no fue corregido de inmediato. Dios le habló, le advirtió y … Lea más

Cerrar el mes recordando quién es el Rey

Quizá hoy sea buen día para una oración sencilla, pero decisiva: «Señor, Tú eres el Rey, yo no. Si hay algo en mi vida que se ha vuelto trono falso, muéstralo y derríbalo. No quiero que tengas que talar el árbol entero; enséñame a arrepentirme antes».

Vivir ligero de gloria

Pídele al Señor que te enseñe a disfrutar los elogios sin idolatrarlos y a soportar el anonimato sin amargarte. Así, poco a poco, vivirás con menos peso sobre los hombros y más libertad en el alma.