¿Qué historias contarán de ti tus nietos? ¿Qué frases tuyas repetirán en sus reuniones familiares? ¿Qué decisiones tuyas usarán para argumentar una cuestión moral con sus propios hijos? El abuelo o la abuela íntegros se convierten en el ancla espiritual de tres o cuatro generaciones después. Pero solo si la integridad fue real, no actuada.
Daniel
Fundados en la Roca
Hay muchos cristianos hoy que conocen mucho y viven poco de lo que conocen. Saben de oración, pero no oran. Saben de generosidad, pero acumulan. Saben de perdón, pero guardan rencor. Construyen casas sobre arena de buenas intenciones. Y cuando la tormenta llega, las casas caen.
Cuatro marcas para hoy
Recapitulando, Daniel manifestó cuatro marcas de integridad: una actitud excelente (Daniel 6:3), fidelidad en su trabajo (v. 4a), pureza personal (v. 4b) y un caminar consistente con Dios (v. 10). Estas no son cualidades pintorescas de un personaje antiguo; son las marcas que distinguen a un hombre o mujer de Dios en cualquier época.
La oración como hábito formativo
La oración no es solo informar a Dios de lo que necesitamos; es ser formados por Él. Cuando oras consistentemente, no solo cambias circunstancias externas; eres tú quien es cambiado en lo interno. Tu carácter se va alineando con Su carácter. Tu mente se va llenando con Su mente. Tu voluntad se va sometiendo a Su voluntad.
Devorados o librados, confiamos
La tercera lección práctica del capítulo: tu capacidad para manejar tanto lo peor de la gente como lo mejor de Dios depende directamente de la consistencia de tu caminar. Cuando Daniel fue echado al foso de los leones, no sabía cómo terminaría la historia. Sin embargo, estaba en paz. Devorado o librado, iba a mantener su confianza en Dios, porque sin importar el resultado, su Dios era confiable.
Siempre recibimos lo mejor de Dios
Si la primera lección es no esperar lo que merecemos de la gente, la segunda es contraria: siempre recibimos de Dios lo mejor para nosotros. No lo dudes. Lo mejor de Dios puede no parecerse a lo que esperamos ni llegar cuando creemos necesitarlo. Pero no debemos dudar de Su cuidado ni de Su carácter mientras soportamos el dolor de esperar.
Casi nunca recibimos lo que merecemos de la gente
Una de las lecciones prácticas más sobrias del capítulo de Daniel es esta: rara vez recibimos de la gente lo que merecemos, así que no lo esperes. Cuando genuinamente merecemos honor, nuestro valor rara vez será notado. Y cuando genuinamente merecemos crítica, casi nunca recibiremos la confrontación que necesitamos.
En el mundo del Maligno, pero no en su mano
Jesús reconoció una realidad incómoda: vivimos en un mundo donde el Maligno tiene influencia. «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del mal» (Juan 17:15, NBLA). Sin embargo, Jesús nunca describió a Sus seguidores como pertenecientes al Maligno. Pueden estar en su mundo. Nunca están en su mano.
El escudo y el campo de batalla
Daniel no fue protegido del foso; fue protegido en el foso. La diferencia es teológicamente enorme. Si Dios solo nos protegiera de las pruebas, nunca creceríamos en fe, nunca testificaríamos, nunca conoceríamos Su poder en lo profundo. Pero al protegernos en las pruebas, manifiesta Su gloria de maneras que la simple comodidad nunca permitiría.
Sirviendo bajo dos imperios
Vivimos en tiempos de cambio acelerado. La cultura cambia. La tecnología cambia. Los sistemas políticos cambian. Las estructuras eclesiales cambian. Quien tiene su identidad anclada solo en una de esas cosas vive en perpetua ansiedad. Pero quien la tiene anclada en Dios puede atravesar los cambios sin perder el rumbo.

