Daniel 6:22

¿Qué leones rugen esta semana alrededor de tu vida?

El milagro de esta historia tiene una precisión quirúrgica: Dios no mató a los leones, ni los sacó del foso, ni durmió a Daniel para que no sintiera miedo. Simplemente «cerró la boca de los leones» (Daniel 6:22, NBLA). Las fieras siguieron allí toda la noche: su aliento, su tamaño, sus garras, el sonido de sus pisadas en la oscuridad. Todo el peligro permaneció presente; solo quedó desactivado.

Así obra Dios muchas veces, y conviene saberlo para no malinterpretar Sus silencios. Pedimos que quite el problema; Él prefiere a menudo dejarlo cerca, pero sin poder para destruirnos. La enfermedad sigue, pero no devora la fe. El conflicto sigue, pero no devora la paz. La escasez aprieta, pero no devora el gozo. Los leones rugen, pero no muerden más allá de lo que Dios permite. Pablo conoció esa misma medida: pidió tres veces que le quitaran la espina, y recibió en cambio: «Te basta Mi gracia» (2 Corintios 12:9, NBLA).

Hay algo más aquí. Un cristiano de la antigüedad habría notado el eco: «nuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar» (1 Pedro 5:8, NBLA). El rugido es real, pero para el que está en Cristo, la boca está judicialmente cerrada: en la cruz, Jesús desarmó al acusador. Ruge, amenaza, intimida; pero devorar, ya no puede.

No le pidas a Dios solamente fosos sin leones; pídele lo que le dio a Daniel: paz en Su presencia. Aprende a dormir sabiendo que ninguna fiera de tu vida tiene la mandíbula libre. Todas responden a Aquel que las cerró.

Dios no siempre saca los leones de tu foso, pero ninguno de ellos puede morder sin Su permiso.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.