Daniel 6
¿De dónde sale la calma de algunos creyentes en medio de lo terrible?
Hay un detalle casi cómico en esta escena: Daniel conversa tranquilamente con el rey… ¡sin salir del foso! Cualquiera de nosotros habría gritado: «¡Rey, primero la escalera y después los discursos!». Pero Daniel responde con calma desde ahí abajo, entre las fieras, como quien charla en la esquina de su casa. Sin voz temblorosa. Sin apuro.
¿De dónde sale una serenidad así? Del hecho de que, para Daniel, el foso ya no era un lugar de amenaza sino de evidencia. Había pasado la noche viendo a Dios sostenerlo; el terreno del peligro se había convertido en terreno santo. Cuando has experimentado la presencia de Dios en lo más hondo, lo hondo pierde su tiranía. «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios» (Salmos 46:1-2, NBLA).
Quizás has conocido personas así. El enfermo que consuela a sus visitas. La viuda que sostiene a los que vinieron a sostenerla. El creyente que, en plena tormenta económica, habla con una paz que desconcierta. No es negación ni pose: es gente que encontró a Dios en el fondo y ya no le teme a la profundidad.
Esa clase de paz no se aprende en teoría; se forja en fosos. Por eso Dios permite que Sus hijos pasen por lugares hondos: no para destruir su fe, sino para volverla inconmovible. La confianza descansada de un creyente probado vale más que mil argumentos.
Si estás hoy en el fondo, mira alrededor con otros ojos. Este foso puede ser el aula donde aprendas la calma que después sostendrá a otros.
Quien ha encontrado a Dios en el fondo del foso ya no le teme a la profundidad.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

