Daniel 6:21

¿Cómo tratas a los demás cuando estás pasando por tu peor momento?

Desde el fondo del foso sube una voz, y lo primero que dice es asombroso: «Oh rey, viva para siempre» (Daniel 6:21, NBLA). ¡Un saludo cortés! Daniel acaba de pasar la noche entre leones por culpa de un decreto que ese mismo rey firmó, y sus primeras palabras del amanecer son una bendición protocolar, cálida y respetuosa.

Piensa en lo que Daniel no dijo. No dijo: «¿Ahora sí te acuerdas de mí?». No dijo: «Esto es culpa tuya y de tu vanidad». Ni siquiera un comprensible: «¡Sáquenme de aquí primero y después hablamos!». La noche más injusta de su vida no le agrió el carácter. El mismo hombre que entró al foso salió de él: sin resentimiento, sin sarcasmo, sin esa amargura que gotea en nuestras palabras cuando sentimos que la vida nos debe algo.

Aquí hay una verdad que duele un poco: la presión no crea nuestro carácter, lo revela. Cuando la vida nos aprieta, sale lo que de verdad hay adentro, como la esponja que suelta lo que la empapa. De Daniel, apretado al máximo, salió gracia. ¿Qué sale de nosotros? A veces basta una fila lenta, un tráfico pesado o una crítica pequeña para que soltemos irritación, quejas, palabras cortantes; y luego lo justificamos: «Es que estoy pasando por mucho».

Daniel también estaba pasando por mucho. Pero llevaba décadas llenando la esponja con otra cosa: oración, gratitud, confianza. Por eso, cuando el foso lo exprimió, brotó cortesía. «De la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45, NBLA).

Tu peor momento es tu testimonio más visible. Las palabras que salgan de tu foso dirán con qué has llenado tu corazón.

La prueba no fabrica tu carácter, lo exprime: lo que salga de ti bajo presión es lo que llevabas dentro.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.