Daniel 4

Si mañana perdieras lo que haces, ¿seguirías sabiendo quién eres?

Después de su restauración, Nabucodonosor sigue siendo rey, pero habla diferente. Ya no se define por su trono, sino por el Dios que gobierna sobre su trono. Su identidad ha sido reordenada: de «yo y mis logros» a «Dios y Su dominio eterno».

Tú también tienes roles: trabajador, padre, madre, estudiante, servidor en la iglesia. Son importantes, pero no son el centro de tu identidad. Cuando lo son, cualquier cambio –un despido, una enfermedad, un cierre de etapa– te deja en ruinas, porque te arrancan algo que se había vuelto tu «yo».

El evangelio te ofrece algo más sólido: ser hijo de Dios en Cristo. Eso no cambia cuando cambian los roles. Puedes llorar pérdidas, por supuesto, pero ya no pierdes el piso por completo, porque tu centro está en un lugar que no se tambalea.

La verdadera libertad llega cuando tus roles pueden cambiar sin destruirte, porque tu identidad ya no cuelga de tu éxito, sino del Dios que te llama hijo.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.