Daniel 6
¿Tu fe en Dios depende del resultado favorable o de Su carácter?
La tercera lección práctica del capítulo: tu capacidad para manejar tanto lo peor de la gente como lo mejor de Dios depende directamente de la consistencia de tu caminar. Cuando Daniel fue echado al foso de los leones, no sabía cómo terminaría la historia. Sin embargo, estaba en paz. Devorado o librado, iba a mantener su confianza en Dios, porque sin importar el resultado, su Dios era confiable.
Es la postura de los tres jóvenes ante el horno: «Si así lo quiere, nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de la mano de Su Majestad, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, sepa, oh rey, que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado» (Daniel 3:17-18, NBLA). «Aún si no lo hace». Esa es la fe madura.
Job lo expresó en medio de su dolor: «Aunque Él me mate, en Él esperaré» (Job 13:15, NBLA). La esperanza de Job no estaba en el resultado favorable. Estaba en la fidelidad eterna del Dios al que servía, sin importar qué pasara con su vida.
Pregúntate: ¿amas a Dios por lo que te da o por quién es Él? Si tu fe depende de que las pruebas terminen como esperas, es una fe transaccional. Si tu fe persiste aunque Dios no haga lo que deseas, es una fe verdadera. Daniel descansaba con leones porque sabía: Dios sigue siendo Dios, en el palacio o en el foso. Esa es la fe que sostiene cuando todo lo demás se rompe.
La fe que sobrevive a la peor prueba no es la que confía en cierto resultado, sino la que confía en cierto Dios.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

