Daniel 6:16
¿Cuál es tu foso actual, donde sientes que las fieras esperan?
«Trajeron a Daniel y lo echaron en el foso de los leones» (Daniel 6:16, NBLA). El foso de los leones era una caverna o un gran pozo en la tierra dividido por una pared móvil. El cuidador echaba el alimento por un lado y luego levantaba la pared para que los leones se abalanzaran a comer. Los leones eran mantenidos cuidadosamente con hambre, para que sus apetitos estuvieran siempre afilados para los condenados.
Imagínate el momento. El anciano de ochenta años desciende al foso. La oscuridad. El olor. Los rugidos. Las pisadas suaves de las fieras que se acercan. Y Daniel allí, sin armas, sin escudos, sin escapatoria. Para todos los efectos humanos, era el final.
Cada uno de nosotros ha visto su propio «foso». Quizá el tuyo es una enfermedad que te mira con dientes afilados. Quizá es una situación financiera que parece a punto de devorarte. Quizá es una relación rota cuyo dolor te muerde. Quizá es una crisis de fe donde sientes que las preguntas te van a despedazar.
El salmista escribió: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento» (Salmo 23:4, NBLA). El valle del salmista y el foso de Daniel son la misma realidad espiritual: lugares donde la muerte parece cierta, pero donde Dios no abandona. La presencia de Dios no te exime del foso; pero te acompaña en él.
Dios no siempre te libra del foso, pero siempre desciende contigo allí si has sido fiel.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

