Daniel 6:24
¿Habías pensado que tu pecado puede afectar a quienes amas?
«Los echaron a ellos, a sus hijos y a sus mujeres en el foso de los leones» (Daniel 6:24, NBLA). Este detalle es duro. La justicia persa, según la costumbre de la época, alcanzaba no solo al culpable sino a su familia. Era un sistema cruel comparado con la ley mosaica, que ordenaba: «Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos morirán por los padres; cada uno morirá por su propio pecado» (Deuteronomio 24:16, NBLA).
Pero más allá del aspecto cultural, hay una verdad espiritual sobria: nuestros pecados no nos afectan solo a nosotros. Las consecuencias se extienden. Los hijos viven con las decisiones de los padres. Los cónyuges sufren las elecciones del otro. Los amigos pagan el precio de las traiciones. El pecado nunca se queda en su carril; siempre se desborda.
David lo experimentó dolorosamente. Su pecado con Betsabé no terminó con él. Su familia se llenó de violencia, división y dolor por generaciones. Su hijo Absalón se rebeló. Su hijo Amnón cometió incesto. Su hija Tamar fue violada. La cadena de consecuencias siguió y siguió.
Esto debe hacernos sobrios. Cuando consideras pecar, considera también a los que pagarán el precio contigo. ¿Qué dirá tu hijo cuando descubra tu adulterio? ¿Qué hará tu cónyuge cuando descubra tu fraude? ¿Qué pasará con tu iglesia cuando se conozca tu hipocresía? Tu pecado no te pertenece solo a ti; pertenece a todos los que cargarán sus consecuencias. Esa es razón suficiente para huir de él hoy.
Tu pecado no se queda contigo; se extiende a quienes amas. Considera siempre a los que pagarán el precio antes de cometerlo.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

