Daniel 6:14
¿Has sentido alguna vez el peso de una decisión apresurada?
«Cuando el rey oyó estas palabras, se afligió mucho y se propuso librar a Daniel; y hasta la puesta del sol se esforzó por salvarlo» (Daniel 6:14, NBLA). Es una imagen casi cómica si no fuera tan trágica. El rey, el hombre supuestamente más poderoso del imperio, atrapado en una ley que él mismo firmó.
Darío buscaba —usando el verbo hebreo intenso— una forma de salvar a Daniel. Pasó horas, todo el día, hasta el atardecer, intentando encontrar una vía legal. Pero no la había. Las leyes de los medos y persas no se podían revocar. Su firma anterior se había convertido en su prisión presente.
Hay una observación sobria aquí: «¡Cuán a menudo somos ciegos a la naturaleza de nuestras acciones hasta que tropezamos con sus consecuencias irrevocables!» (Dennett). Mientras Darío firmaba el decreto, su ego le impedía ver la trampa. Ahora, con Daniel en peligro, su mente se aclaró pero ya era demasiado tarde.
Esto nos recuerda algo importante: el orgullo nubla la mente; las consecuencias la aclaran. Cuando el dolor llega, vemos lo que las palmaditas en la espalda nos impedían ver. Por eso es tan importante consultar a Dios antes de firmar nada en tu vida. Su Espíritu puede mostrarte hoy lo que solo verías mañana, cuando ya es demasiado tarde. La oración previa es protección; el lamento posterior solo es daño asumido.
Las consecuencias abren los ojos que el ego cerraba; mejor aún sería que la oración los abriera antes.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

