Daniel 5
¿Qué sucede cuando confiamos en defensas que no estamos vigilando?
Los muros no estaban vigilados, así que una vez que los persas entraron en la ciudad, pudieron conquistarla sin pelear. La fortaleza más grande del mundo antiguo cayó no por batalla sino por descuido.
Es una lección sobria. Las mejores defensas son inútiles si no se vigilan. Las murallas más gruesas no protegen si las puertas están desatendidas. La seguridad más elaborada falla si la complacencia se instala.
Babilonia cayó no porque sus muros fueran débiles, sino porque nadie los estaba cuidando. La fiesta de Belsasar había distraído a todos. La celebración había reemplazado a la vigilancia. El vino había nublado el discernimiento.
¿Qué defensas en tu vida has dejado de vigilar? ¿Qué murallas espirituales has descuidado mientras te distraías con otras cosas? ¿Qué áreas de vulnerabilidad has ignorado porque parecían seguras?
Pedro advirtió: «Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8, NBLA). La sobriedad y el estado de alerta son esenciales. El enemigo busca precisamente los puntos que hemos dejado de vigilar.
Babilonia tenía las mejores defensas del mundo antiguo. Y cayó en una noche porque nadie estaba prestando atención.
Las defensas más fuertes son inútiles si no las vigilamos; la complacencia es la puerta que el enemigo busca.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

