Daniel 5:21

¿Hasta dónde puede caer alguien que se cree superior a todos?

«Fue echado de entre los hombres, su corazón se hizo semejante al de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Se le dio de comer hierba como al ganado, y su cuerpo se mojó con el rocío del cielo» (Daniel 5:21, NBLA).

Daniel no suaviza la historia para proteger la memoria real. Describe sin rodeos la degradación de Nabucodonosor: el hombre que se creía dios terminó viviendo como animal. El que gobernaba naciones terminó comiendo pasto. El que moraba en palacios terminó durmiendo a la intemperie.

La ironía es devastadora. Nabucodonosor quiso elevarse por encima de la humanidad, y terminó por debajo de ella. Quiso ser más que hombre, y se convirtió en menos. El orgullo prometió exaltación; entregó degradación.

«Antes del quebrantamiento está el orgullo, y antes de la caída, la arrogancia de espíritu» (Proverbios 16:18, NBLA). Nabucodonosor es la ilustración viviente de este proverbio. Su caída no fue a pesar de su orgullo, sino a causa de él.

Pero hay esperanza en esta historia. Nabucodonosor no permaneció entre las bestias para siempre. Su humillación tenía un propósito: «hasta que reconoció que el Dios Altísimo tiene dominio sobre el reino de los hombres» (v. 21). La caída no era el final; era el medio hacia la restauración.

A veces Dios permite que caigamos muy bajo para que finalmente miremos hacia arriba.

Dios puede usar incluso nuestra caída más profunda como el escalón hacia nuestra restauración más completa.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.