Daniel 6
¿Por qué a veces dudamos del poder de algo tan accesible?
La oración de Daniel no era poderosa por su elocuencia ni por su volumen ni por su duración. Era poderosa porque era oída por el Dios viviente. Toda la teología bíblica de la oración descansa sobre una afirmación: «el Señor está cerca de todos los que le invocan» (Salmo 145:18, NBLA). Cuando Daniel se arrodilló, Dios escuchó.
Esto puede parecer tan básico que se olvida. Pero detente un momento y considéralo. El Dios que creó las galaxias, el Dios que gobierna sobre los imperios, el Dios cuyo nombre hace temblar a los demonios… ese Dios escucha tu voz cuando oras. No solo te tolera. No solo te oye en general. Escucha personalmente. Inclina Su oído.
El profeta Isaías escribió: «¿No saben? ¿No han oído? El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra no se fatiga ni se cansa. Su entendimiento es inescrutable» (Isaías 40:28, NBLA). Y este mismo Dios «da fuerzas al fatigado y al que carece de poder, fortalece el vigor» (v. 29).
Si comprendieras el privilegio de la oración —que el infinito Dios se inclina a escuchar tu voz finita— probablemente orarías más. La razón por la que muchos no oran es que no creen realmente que sirva de algo. Pero Daniel oraba porque sabía que sí. Y porque sí, lo hacía tres veces al día. Pruébalo. Comienza con una oración hoy, sabiendo que es escuchada por el único Dios que puede responderla. Verás cómo cambia algo en ti, aun antes de cualquier respuesta visible.
La oración es poderosa no por la habilidad del que ora, sino por la atención del Dios que escucha; ora confiado, te oyen.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

