Daniel 6:10

¿Tu prueba te está alejando de Dios o empujándote hacia Él?

Hudson Taylor, el misionero que entregó su vida a China, dijo algo acerca de la presión de la prueba: «No importa cuán grande sea la presión. Lo que realmente importa es dónde cae la presión: si se interpone entre tú y Dios, o si te empuja más cerca de Su corazón».

Es la pregunta decisiva de todo sufrimiento. La misma presión que endurece a uno, ablanda a otro. El mismo horno que derrite la cera, endurece el barro. Dos personas atraviesan pérdidas parecidas: una termina amargada, cerrada, lejos de la fe; la otra termina con una intimidad con Dios que nunca había conocido La diferencia no estuvo en la presión, sino en hacia dónde permitieron que los empujara.

Daniel llevaba décadas dejando que cada presión lo acercara más a Dios. Cuando el decreto amenazó su vida, su reacción inmediata fue ir a su recámara y abrir su ventana para orar «como lo solía hacer antes» (Daniel 6:10, NBLA). La amenaza no inventó su vida de oración; la reveló. Y por eso, cuando llegó la presión máxima —el foso—, no se interpuso entre él y Dios: lo encontró ya recostado en Su corazón.

Piensa en tu presión actual. Esa carga financiera, esa relación tensa, ese diagnóstico médico, esa espera que no termina. No puedes elegir si habrá presión; eso no está en tus manos. Pero sí puedes elegir hacia dónde te dirige. Puedes dejar que se vuelva un muro de reproches: «¿Por qué a mí? ¿Dónde estás, Dios?». O puedes dejar que te empuje a una dependencia más profunda hacia Él: «Señor, no entiendo, pero me acerco a Ti. Mi confianza está en el Dios que hizo los cielos y la tierra». La presión es inevitable. Pero el distanciamiento, no.

No puedes elegir la presión, pero sí hacia dónde te dirige; deja que cada peso de esta semana empuje tu corazón hacia Dios.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.